Captura en EE. UU. golpea a Los Huistas tras cuatro años de búsqueda

La captura en San Diego del guatemalteco Eugenio Darío Molina-López, alias “Don Darío”, marca un punto de inflexión en la persecución del narcotráfico regional, luego de una investigación internacional que se extendió por más de cuatro años y movilizó a múltiples agencias de seguridad de Estados Unidos.

Se trata de un operativo que trasciende la detención de un individuo. Molina-López es señalado como colíder de la organización criminal “Los Huistas”, una estructura con base en Huehuetenango y con capacidad de movilizar grandes cargamentos de cocaína hacia México y Estados Unidos, lo que la convierte en un actor relevante dentro del corredor del narcotráfico centroamericano.

El arresto se concretó el 24 de abril de 2026 en territorio estadounidense, donde el acusado compareció ante una corte federal y se declaró inocente de los cargos, que incluyen conspiración para distribuir cocaína y operaciones de tráfico marítimo internacional, delitos que podrían derivar en cadena perpetua y multas millonarias.

La dimensión del caso se explica también por el nivel de presión internacional que lo rodeaba. Desde 2022, el Departamento de Estado ofrecía una recompensa de hasta 10 millones de dólares por información que permitiera su captura, en el marco de una estrategia dirigida a desarticular redes criminales transnacionales con influencia en la región.

La operación, conocida como Unidad Guerrilla, fue liderada por Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI) con apoyo del FBI, la DEA, la Guardia Costera y otras agencias, en coordinación con autoridades de Guatemala y México. Este despliegue evidencia un patrón: la persecución del narcotráfico dejó de ser un esfuerzo local y se consolidó como una estrategia multinacional, donde la inteligencia compartida resulta determinante.

El golpe se produce en un momento en que la estructura de Los Huistas ya había sido debilitada. En marzo de 2025 fue capturado y posteriormente extraditado su otro líder, Aler Baldomero Recinos, alias “Chicharra”, lo que sugiere una ofensiva sostenida contra la organización.

Sin embargo, la lectura de fondo obliga a matizar el impacto. La captura de liderazgos no necesariamente implica la desarticulación completa de las redes, que suelen reconfigurarse rápidamente debido a su arraigo territorial, capacidad logística y vínculos transnacionales. En el caso de Los Huistas, su posición en la frontera con México y su relación con grandes cárteles refuerzan esa capacidad de adaptación.

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