Durante décadas, Uruguay fue considerado uno de los países más seguros de América Latina. Sin embargo, una reciente escalada de homicidios y hechos vinculados al crimen organizado ha encendido las alarmas de las autoridades, al punto de que la fiscal general subrogante, Mónica Ferrero, advirtió que la violencia ha alcanzado un nivel en el que “todos podemos ser víctimas colaterales”, una afirmación poco habitual para un país reconocido por sus bajos índices de criminalidad.
La preocupación se intensificó tras la semana del 12 al 18 de julio, cuando el país registró 10 homicidios en distintos puntos del territorio, una de las cifras semanales más altas de 2026. La sucesión de asesinatos, ocurridos principalmente en Montevideo y Canelones y vinculados en varios casos a disputas entre organizaciones criminales, reavivó las críticas contra el ministro del Interior, Carlos Negro. Pese a ello, el presidente Yamandú Orsi reiteró públicamente su respaldo al funcionario.
Lejos de disminuir, la violencia continuó en los días siguientes. El 24 de julio, un niño de 12 años murió durante un ataque armado entre bandas rivales en Montevideo, un hecho que además dejó cinco personas heridas y conmocionó a la sociedad uruguaya. El crimen reforzó la percepción de que la violencia ya no afecta únicamente a quienes integran las estructuras delictivas, sino que también alcanza a personas ajenas a estos conflictos.
Durante una comparecencia ante el Parlamento, Ferrero afirmó que el fortalecimiento del crimen organizado representa un riesgo para toda la población y advirtió que “todos podemos ser víctimas colaterales”. La fiscal solicitó mayores recursos para el Ministerio Público y mejores condiciones de seguridad para fiscales e investigadores, al considerar que las organizaciones criminales han incrementado su capacidad operativa.
Las estadísticas oficiales reflejan ese deterioro. En el primer semestre de 2026, Uruguay registró 195 homicidios, un 6.6 % más que en el mismo período del año anterior. Además, tres de cada cuatro asesinatos fueron cometidos con armas de fuego, principalmente en Montevideo y Canelones, donde las disputas entre bandas vinculadas al narcotráfico concentran buena parte de los hechos violentos.
Aunque Uruguay mantiene niveles de violencia inferiores a los de otros países de la región, el aumento de los homicidios y la expansión del crimen organizado representan un cambio significativo para un país que históricamente ha destacado por su estabilidad y seguridad. La advertencia de la Fiscalía refleja la preocupación de las autoridades por contener una tendencia que, hasta hace pocos años, era poco habitual en el territorio uruguayo.

