Un mes después, Venezuela enfrenta la herida invisible del terremoto

Un mes después del devastador doble terremoto que sacudió el norte de Venezuela, la emergencia dejó de concentrarse únicamente en los escombros para trasladarse a otro frente igual de complejo: la salud mental de miles de sobrevivientes. Organizaciones humanitarias advierten que el miedo, la ansiedad, el duelo y el estrés postraumático comienzan a convertirse en una crisis de largo plazo para las comunidades afectadas, mientras el país continúa enfrentando las consecuencias de una de las peores tragedias de su historia reciente.

La organización Médicos Sin Fronteras (MSF) ha desplegado equipos especializados en apoyo psicosocial en las zonas más golpeadas, especialmente en La Guaira, donde miles de personas perdieron familiares, viviendas y medios de subsistencia. La organización alerta que muchas personas permanecen en estado de alerta permanente, reviven el momento del desastre con cualquier ruido fuerte y presentan síntomas de ansiedad, insomnio y estrés postraumático, condiciones que podrían prolongarse durante años sin atención especializada.

La magnitud del desastre sigue reflejándose en las cifras oficiales. El último balance reporta 5.398 personas fallecidas, 16.740 heridas y 17.907 que perdieron su vivienda. Además, entre 29.000 y 50.000 personas continúan desaparecidas, según estimaciones de organizaciones ciudadanas y datos manejados por Naciones Unidas. En paralelo, 23.335 damnificados permanecen en 107 campamentos temporales, mientras que 856 edificios resultaron afectados, de los cuales 190 colapsaron por completo, tras registrarse 1.463 réplicas desde el sismo del 24 de junio.

La emergencia también avanza hacia una nueva etapa. El Gobierno venezolano inició esta semana la toma de muestras de ADN en las morgues de La Guaira y Bello Monte para facilitar la identificación de víctimas cuyos cuerpos aún no han podido ser reconocidos por sus familiares. Al mismo tiempo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) desbloqueó 346 millones de dólares de las reservas venezolanas para apoyar la respuesta humanitaria, mientras el Ejecutivo anunció la construcción de 4.000 viviendas durante 2026 y otras 10.000 en 2027 para las familias afectadas.

La Asamblea Nacional también aprobó reformas destinadas a acelerar la construcción de nuevos complejos habitacionales y facilitar la adquisición de viviendas en el mercado secundario. Sin embargo, organizaciones humanitarias sostienen que la reconstrucción no puede limitarse a la infraestructura física y advierten que la recuperación emocional será uno de los mayores desafíos para el país en los próximos años, especialmente entre niños y personas que perdieron a familiares o quedaron sin hogar.

A un mes del terremoto, Venezuela enfrenta el reto de reconstruir ciudades y comunidades, pero también de atender las secuelas psicológicas que dejó la tragedia. Para especialistas y organismos internacionales, el éxito de la recuperación dependerá no solo de levantar viviendas e infraestructura, sino también de brindar apoyo sostenido a una población que aún vive bajo el impacto de una catástrofe que cambió su vida para siempre.

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