UE rechaza presiones de Trump por guerra con Irán

La Unión Europea rechazó este lunes las presiones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para que los aliados de la OTAN se sumen a su estrategia militar en el conflicto con Irán, una guerra que ya está generando inestabilidad internacional y presiones sobre el precio de la energía.

La alta representante de la UE para Política Exterior, Kaja Kallas, afirmó que el bloque no forma parte del conflicto y dejó claro que Bruselas no tiene intención de involucrarse militarmente. “Europa no es parte de esta guerra, nosotros no hemos empezado esta guerra para la que los objetivos políticos no están claros”, declaró.

Las declaraciones responden a la presión que Washington ha ejercido en los últimos días para que los países europeos colaboren en la reapertura del estrecho de Ormuz, un paso estratégico por el que transita cerca de una quinta parte del petróleo que se consume en el mundo y que se ha visto afectado por el conflicto.

Trump había advertido incluso que la OTAN afrontaría “un futuro muy malo” si no respalda los planes de Estados Unidos. Este lunes insistió en la Casa Blanca en que varios países están “en camino” para ayudar a desbloquear el estrecho, aunque evitó mencionar cuáles.

Desde Bruselas, Kallas subrayó que la situación está fuera del ámbito de acción de la OTAN, al recordar que la Alianza Atlántica es una organización de defensa y que el estrecho de Ormuz no forma parte de su área geográfica.

Esa posición también fue respaldada por Alemania. El canciller Friedrich Merz afirmó que la OTAN “no es una alianza de intervención”, en una crítica directa a la presión ejercida por Washington.

Ante el riesgo económico que supone el bloqueo de una de las principales rutas energéticas del mundo, la Unión Europea ha evaluado otras opciones. Entre ellas, ampliar el mandato de su misión naval Aspides, actualmente desplegada en el mar Rojo para proteger la navegación frente a ataques hutíes. Sin embargo, la propuesta ha encontrado resistencia entre varios Estados miembros, entre ellos Alemania y España, que temen verse arrastrados a la guerra.

Por ahora, varios gobiernos europeos coinciden en que no existe voluntad política para involucrarse directamente en el conflicto, mientras que Francia estudia una posible misión futura con países europeos y de la región para garantizar la seguridad en Ormuz, aunque solo cuando la crisis militar se estabilice.

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