Donald Trump convirtió la cumbre de la OTAN en Ankara en un escenario de confrontación con algunos de los principales aliados de Estados Unidos. El presidente estadounidense renovó sus pretensiones sobre Groenlandia, cargó contra varios gobiernos europeos y anunció su intención de cortar las relaciones comerciales con España, a la que calificó como un socio terrible por sus diferencias sobre el gasto militar y la participación en la guerra contra Irán.
España se convirtió en el principal objetivo de Trump durante la segunda jornada de la cumbre. El mandatario aseguró que había dado instrucciones para cortar el comercio bilateral y volvió a atacar al Gobierno de Pedro Sánchez por no elevar el gasto militar hasta el 5% del producto interno bruto. La amenaza supone una fuerte escalada verbal, aunque hasta ahora no se ha informado de la activación formal de los mecanismos necesarios para imponer un embargo comercial, una medida que además afrontaría dificultades por la pertenencia de España a la Unión Europea.
La respuesta española evitó alimentar el enfrentamiento. Sánchez minimizó las declaraciones y aseguró que, después de las críticas públicas, mantuvo con Trump una conversación informal sobre fútbol y golf. El Gobierno español defendió que el país cumple sus compromisos con la Alianza y recordó el aumento de la inversión militar y la participación de sus tropas en operaciones internacionales, mientras la Comisión Europea subrayó que la política comercial corresponde al conjunto de la Unión Europea y no se negocia bilateralmente por cada Estado miembro.
La ofensiva de Trump no terminó con España. Desde Ankara volvió a sostener que Groenlandia debería estar bajo control estadounidense y no de Dinamarca, retomando una pretensión que ya había provocado una grave tensión con Europa. El presidente argumentó que Copenhague no invierte lo suficiente en el territorio ártico y vinculó nuevamente su interés con la importancia estratégica de la isla para la seguridad de Estados Unidos.
Las declaraciones provocan especial inquietud porque Groenlandia forma parte del Reino de Dinamarca, país miembro de la propia OTAN. Dinamarca y las autoridades groenlandesas han rechazado reiteradamente las pretensiones estadounidenses y defendido el derecho de la población de la isla a decidir su futuro. La paradoja coloca a la Alianza ante un problema poco habitual: su principal potencia militar mantiene abierta una reivindicación territorial sobre una parte del territorio de otro aliado.
Trump también utilizó la cumbre para reprochar a los países europeos lo que considera una contribución insuficiente a la defensa colectiva y una falta de respaldo a la estrategia estadounidense en Oriente Próximo. Washington ha anunciado una revisión de seis meses de su despliegue militar en Europa y pretende concentrar mayores recursos en el Indo-Pacífico, mientras amenaza con evaluar el compromiso y la lealtad de sus socios antes de definir futuras decisiones estratégicas.
Frente a la presión estadounidense, los miembros europeos de la OTAN intentaron demostrar en Ankara que están aumentando sus capacidades militares. La Alianza presentó contratos por alrededor de 12 mil millones de euros para reforzar programas de drones, vigilancia aérea, satélites y aeronaves militares, una exhibición industrial destinada a demostrar que Europa está incrementando su inversión en defensa y reduciendo algunas de sus dependencias estratégicas.
La cumbre de Ankara, diseñada para mostrar cohesión, terminó exhibiendo las profundas tensiones que atraviesan la relación transatlántica. Trump exige más gasto militar y alineamiento político, amenaza a España con represalias comerciales y mantiene sus pretensiones sobre Groenlandia, mientras Europa intenta reforzar su defensa sin romper la alianza con Washington. La OTAN conserva su estructura formal de unidad, pero el debate sobre quién paga, quién decide y hasta dónde puede presionar Estados Unidos a sus propios aliados se ha convertido nuevamente en el centro de la relación.

