El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, intervino directamente para evitar una nueva escalada militar en Líbano después de que los bombardeos israelíes sobre los suburbios del sur de Beirut amenazaran con afectar las negociaciones que Washington mantiene con Irán, consideradas clave para reducir las tensiones en Oriente Medio.
La gestión de la Casa Blanca se produjo luego de que Israel ordenara ataques contra objetivos vinculados a Hezbolá, la milicia respaldada por Teherán que mantiene enfrentamientos periódicos con fuerzas israelíes. La operación incluyó advertencias de evacuación para residentes de la zona de Dahiya, en Beirut, provocando el desplazamiento de miles de personas.
La preocupación estadounidense aumentó cuando Irán advirtió que podría suspender las conversaciones con Washington debido a los ataques israelíes en territorio libanés. Teherán sostiene que cualquier acuerdo destinado a garantizar la seguridad en el estrecho de Ormuz y aliviar restricciones económicas debe incluir también el cese de hostilidades en Líbano.
La advertencia llegó apenas días después de que Trump afirmara que las negociaciones avanzaban de manera positiva y que existía un acuerdo preliminar bajo evaluación. Un eventual congelamiento del diálogo supondría un revés para la estrategia diplomática impulsada por Washington.
Según reveló el portal Axios, durante una conversación telefónica sostenida el lunes con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, Trump expresó con dureza su rechazo a cualquier acción que pusiera en riesgo las negociaciones. De acuerdo con el reporte, el mandatario estadounidense habría reclamado a Netanyahu con la pregunta “¿Qué diablos estás haciendo?”, mientras que un funcionario citado por el medio resumió el mensaje transmitido al líder israelí con expresiones como “estás completamente loco”, “te estoy salvando el pellejo” y “todo el mundo odia a Israel por esto”.
No obstante, medios israelíes han cuestionado algunos detalles de esa versión. El analista político Amit Segal, de Channel 12, aseguró que la conversación no incluyó ataques personales contra Netanyahu y que ambos dirigentes alcanzaron un entendimiento para evitar nuevos bombardeos sobre los suburbios de Beirut siempre que Hezbolá suspenda sus ataques contra territorio israelí.
Más que una disputa entre ambos líderes, el episodio refleja el esfuerzo de Washington por impedir que el conflicto en Líbano descarrile las negociaciones con Irán, uno de los principales objetivos de política exterior de la administración Trump en la región.
La decisión de contener una ofensiva sobre Beirut también provocó reacciones dentro de Israel. Dirigentes de distintos sectores políticos cuestionaron que el gobierno aceptara frenar los ataques a petición de Estados Unidos, argumentando que ello podría interpretarse como una limitación a la capacidad israelí para responder a las acciones de Hezbolá.
Entre las voces críticas se encuentran el ex primer ministro Naftali Bennett y el líder opositor Yair Lapid, quienes cuestionaron la imagen proyectada por el gobierno tras la intervención estadounidense. Netanyahu rechazó esos señalamientos y defendió la coordinación con Washington, mientras el ministro de Defensa, Israel Katz, advirtió que cualquier nueva agresión de Hezbolá provocará una respuesta militar israelí.
La controversia evidencia la complejidad del escenario en Oriente Medio, donde las operaciones militares, la presión diplomática y las negociaciones regionales avanzan de forma paralela. Por ahora, la continuidad del diálogo entre Washington y Teherán dependerá en buena medida de que la situación en Líbano no derive en una nueva escalada que arrastre a otros actores del conflicto.

