Guatemala y Perú pondrán en vigor el próximo 1 de julio el Tratado de Libre Comercio (TLC) suscrito entre ambos países hace más de una década, una decisión que busca ampliar las oportunidades para los exportadores guatemaltecos y diversificar los mercados de destino en un contexto internacional cada vez más competitivo. El acuerdo, firmado originalmente en 2011, permaneció sin aplicación durante 15 años debido a procesos pendientes de actualización y ratificación.
La entrada en vigor permitirá que productos guatemaltecos accedan al mercado peruano bajo condiciones preferenciales, abriendo oportunidades en una economía de más de 33 millones de habitantes. Según estimaciones oficiales, el potencial exportador adicional para Guatemala podría superar los 100 millones de dólares en los próximos años, impulsado por sectores como agroindustria, azúcar, café, manufacturas y textiles.
La activación del tratado ocurre después de un proceso de negociación y actualización que permitió destrabar un acuerdo que permaneció prácticamente congelado durante más de una década. En 2024 ambos gobiernos retomaron las conversaciones y acordaron una hoja de ruta para modernizar varios capítulos relacionados con servicios, reglas de origen, medidas sanitarias y contratación pública, entre otros aspectos.
Los resultados comerciales previos sugieren que existe margen para un mayor crecimiento. Entre 2020 y 2025, el intercambio bilateral acumulado superó los 1,216 millones de dólares y únicamente en 2024 alcanzó un récord cercano a los 250 millones de dólares. Las exportaciones guatemaltecas hacia Perú sumaron 98.3 millones de dólares ese año, reflejando una tendencia positiva incluso antes de la entrada en vigor formal del tratado.
Sin embargo, el verdadero desafío comenzará una vez que el acuerdo entre en funcionamiento. Diversificar mercados ha sido durante años uno de los principales objetivos de la política comercial guatemalteca, pero aprovechar plenamente los beneficios de un TLC depende de la capacidad de las empresas para identificar oportunidades, aumentar competitividad y cumplir con los estándares exigidos por los mercados internacionales. La experiencia de otros acuerdos comerciales demuestra que los beneficios no se distribuyen automáticamente y suelen concentrarse en los sectores mejor preparados para exportar.
La entrada en vigor del acuerdo marca un nuevo capítulo en la relación económica entre Guatemala y Perú. Más allá de las cifras comerciales inmediatas, el Gobierno apuesta a que el tratado contribuya a reducir la dependencia de mercados tradicionales y fortalezca la presencia de productos guatemaltecos en Sudamérica, una región donde todavía existe un amplio margen de crecimiento para las exportaciones nacionales.

