Colombia entra en una nueva y dolorosa fase tras el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el suroccidente del país el pasado 10 de agosto. Una semana después de la catástrofe, el balance oficial se elevó a 289 personas fallecidas, 4.187 heridas y 143 desaparecidas, mientras las posibilidades de encontrar nuevos supervivientes bajo los escombros disminuyen drásticamente y las labores comienzan a concentrarse en la recuperación de cuerpos.
La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) informó además que 354 personas han sido rescatadas y más de 185 mil resultaron afectadas por el terremoto. El movimiento tuvo su epicentro en San José del Palmar, Chocó, pero causó una fuerte destrucción en diferentes zonas del occidente colombiano, con Cali entre las ciudades más castigadas por el colapso de edificios y los daños en viviendas e infraestructura.
Los equipos de emergencia continúan removiendo toneladas de concreto y estructuras destruidas, aunque las esperanzas de localizar personas con vida se desvanecen con el paso de las horas. Brigadas colombianas trabajan junto a especialistas internacionales, entre ellos rescatistas israelíes que recuperaron cuatro cuerpos durante las últimas horas en Cali. Tras una semana bajo los escombros, las operaciones se orientan progresivamente hacia la localización de los desaparecidos y la recuperación de las víctimas.
Uno de los puntos más sensibles continúa siendo el Hospital Universitario del Valle, en Cali, donde el colapso de una torre dejó pacientes y trabajadores atrapados. Familiares han permanecido en las inmediaciones esperando noticias mientras los rescatistas enfrentan estructuras inestables y enormes dificultades para acceder a determinados sectores. En las primeras 48 horas hubo rescates con vida, pero una semana después las posibilidades disminuyen considerablemente.
La dimensión material de la tragedia también comienza a quedar clara. Los reportes contabilizan más de 127 mil viviendas dañadas y cerca de 27 mil destruidas en unos 450 municipios, mientras miles de familias permanecen desplazadas o temen regresar a edificios afectados. En Cali, las autoridades calculan que la reconstrucción podría requerir alrededor de 3.200 millones de dólares y al menos tres años, una primera estimación del enorme desafío que seguirá a las tareas de emergencia.
A la destrucción se suma ahora el impacto humano y psicológico. Muchos supervivientes permanecen fuera de sus hogares por temor a nuevos movimientos, mientras otros han perdido familiares, viviendas y prácticamente todas sus pertenencias. Las comunidades rurales enfrentan además dificultades para recibir asistencia, y la atención comienza a desplazarse desde el rescate inmediato hacia alojamiento, alimentación, reconstrucción y recuperación económica.
Con 289 muertos y 143 personas todavía desaparecidas, el balance permanece abierto y podría seguir aumentando conforme avance la retirada de escombros. Colombia comienza así a pasar de la esperanza de encontrar supervivientes a la dolorosa tarea de recuperar a quienes siguen desaparecidos, mientras dimensiona los daños de una catástrofe que deja cientos de muertos, miles de heridos y más de 185 mil afectados.

