Temor por posible “Súper El Niño” alarma a científicos

La posibilidad de que un fenómeno climático extremo vuelva a alterar el equilibrio meteorológico mundial comenzó a encender alertas entre agencias internacionales y centros de investigación. Modelos climáticos recientes apuntan al posible desarrollo de un “Súper El Niño” entre finales de 2026 y comienzos de 2027, un escenario que podría intensificar olas de calor, sequías, inundaciones y eventos extremos en distintas regiones del planeta.

Las advertencias surgieron luego de que organismos como la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) y el Centro Europeo de Pronósticos Meteorológicos detectaran un acelerado calentamiento de las aguas del Pacífico central, una de las señales más observadas por científicos para anticipar la aparición del fenómeno de El Niño.

La preocupación radica en que no se trataría de un episodio ordinario, sino de un evento con potencial de alcanzar niveles históricos, algo que ocurre cuando las temperaturas oceánicas superan ampliamente los promedios normales durante varios meses consecutivos. Expertos advierten que este tipo de fenómenos tiene capacidad para modificar patrones climáticos globales y provocar impactos prolongados sobre agricultura, disponibilidad de agua, salud pública y producción de alimentos.

El fenómeno de El Niño forma parte del ciclo climático conocido como ENSO y se origina por el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial. Aunque ocurre de forma periódica cada ciertos años, los llamados “Súper El Niño” son menos frecuentes y suelen estar asociados con algunos de los eventos climáticos más severos registrados en las últimas décadas.

Los antecedentes mantienen en alerta a la comunidad científica. El episodio de 2015-2016 provocó sequías severas, inundaciones, pérdida de cosechas y alteraciones climáticas en múltiples continentes. En África afectó la seguridad alimentaria de millones de personas, mientras que en América Latina dejó fuertes lluvias, deslizamientos y daños económicos considerables.

Ahora, los modelos meteorológicos advierten que el calentamiento global podría amplificar todavía más los efectos del próximo fenómeno. La combinación entre cambio climático y un Súper El Niño podría empujar al planeta hacia nuevos récords de temperatura, elevando riesgos para ecosistemas, infraestructura y sistemas agrícolas en distintas regiones del mundo.

En América Latina, científicos observan especialmente el posible impacto sobre lluvias y temperaturas extremas. Países sudamericanos ya comenzaron a monitorear alteraciones en el comportamiento oceánico ante el temor de inundaciones en algunas zonas y sequías prolongadas en otras, fenómenos que históricamente afectan producción agrícola, generación hidroeléctrica y abastecimiento de agua.

La inquietud científica no se limita únicamente al clima. Economistas y organismos internacionales advierten que eventos extremos de esta magnitud también pueden generar presión sobre precios de alimentos, cadenas de suministro y mercados energéticos, especialmente en países vulnerables o dependientes de actividades agrícolas.

Aunque los expertos aclaran que todavía no existe certeza absoluta sobre la intensidad final del fenómeno, coinciden en que las señales actuales justifican vigilancia constante durante los próximos meses. La NOAA estima actualmente una probabilidad superior al 60 % de desarrollo de condiciones de El Niño y cerca de un 25 % de que evolucione hacia una categoría considerada “super”.

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