El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, lanzó este miércoles una dura advertencia sobre la crisis política que atraviesa Bolivia y aseguró que Washington “no tolerará” un intento de golpe de Estado contra el gobierno del presidente Rodrigo Paz, en medio de semanas de protestas, bloqueos y creciente tensión social en el país sudamericano.
Las declaraciones representan uno de los respaldos más explícitos emitidos hasta ahora por la administración de Donald Trump hacia el gobierno boliviano. Rubio afirmó que Estados Unidos no permitirá que “delincuentes” o sectores vinculados al crimen organizado derroquen a gobiernos elegidos democráticamente en el hemisferio, en referencia a las movilizaciones que mantienen paralizadas varias regiones bolivianas.
La crisis boliviana escaló todavía más después de que el gobierno de Rodrigo Paz acusara a sectores afines al expresidente Evo Morales de impulsar acciones desestabilizadoras, mientras desde Colombia el presidente Gustavo Petro calificó las protestas como una “insurrección popular”, provocando un choque diplomático que terminó con la expulsión mutua de representantes diplomáticos entre La Paz y Bogotá.
La posición de Washington marca también un giro llamativo dentro de la política regional estadounidense, ya que la administración Trump suele mantener distancia frente a gobiernos de izquierda latinoamericanos. Sin embargo, en el caso boliviano, Estados Unidos parece priorizar la estabilidad institucional y el temor a un posible colapso político en un país golpeado por bloqueos, crisis económica y creciente conflictividad social.
Mientras tanto, la Organization of American States y distintos actores internacionales siguen observando con preocupación la evolución de la crisis. Las protestas ya dejaron muertos, decenas de heridos y severas afectaciones económicas, mientras el gobierno boliviano intenta contener una de las mayores olas de inestabilidad registradas desde la llegada de Rodrigo Paz al poder.

