Reino Unido lidera presión internacional sin Trump por Ormuz

El Reino Unido reunió a unos 40 países para impulsar la reapertura del estrecho de Ormuz, en una iniciativa diplomática que evidencia la creciente fractura internacional tras la escalada del conflicto en Oriente Medio y la ausencia de Estados Unidos en las negociaciones.

La reunión, encabezada por la ministra británica de Exteriores, Yvette Cooper, se realizó de forma virtual con el objetivo de coordinar medidas diplomáticas, económicas y de seguridad que permitan restablecer el tránsito marítimo en uno de los puntos estratégicos del comercio mundial. El estrecho de Ormuz canaliza cerca de una quinta parte del petróleo global, por lo que su cierre ha encendido las alarmas económicas a nivel internacional.

La iniciativa británica surge al margen de la estrategia del presidente estadounidense, Donald Trump, quien ha apostado por acciones militares y ha instado a otros países a asumir la responsabilidad de garantizar la seguridad en la zona. La ausencia de Estados Unidos en la reunión refleja la falta de consenso entre aliados occidentales sobre cómo abordar la crisis.

El bloqueo iraní ha provocado una situación crítica. Cerca de 2.000 buques y marineros permanecen atrapados, mientras el tráfico marítimo se mantiene muy por debajo de los niveles habituales. Entre las propuestas discutidas figuran sanciones económicas, coordinación con la industria energética y la posible creación de una fuerza internacional de seguridad marítima una vez se reduzca la tensión militar.

Francia y otros países europeos también han mostrado cautela frente a las propuestas militares. Líderes europeos consideran que cualquier operación de seguridad requeriría coordinación naval, inteligencia y un alto el fuego previo, debido al riesgo de represalias iraníes y a la complejidad logística de reabrir el paso marítimo.

El impacto económico ya se deja sentir. El cierre del estrecho amenaza con elevar los precios de la energía, los alimentos y el transporte, además de afectar las cadenas de suministro globales, lo que ha convertido la reapertura de Ormuz en una prioridad diplomática urgente para decenas de países.

La reunión liderada por Londres marca así un intento de liderazgo internacional alternativo, en un momento donde la crisis del estrecho de Ormuz no solo refleja tensiones geopolíticas, sino también la creciente fragmentación entre aliados occidentales sobre cómo responder a uno de los conflictos más sensibles del año.

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