Olga Pérez, líder de Lake Worth, se autodeporta este lunes

Olga Pérez, intérprete maya y líder comunitaria, se autodeportó a Guatemala este lunes, como estaba previsto después de que un juez le concediera la libertad bajo esa condición. Había pasado más de siete meses bajo custodia del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE).
“Esto es muy difícil. Pero, como ya lo he dicho, no soy una criminal. Tengo la frente en alto y, pues nada, solo tengo que luchar por mi familia y tengo la conciencia tranquila”, dijo Pérez a Noticias Telemundo desde el Aeropuerto Internacional de Fort Lauderdale.

Madre de cuatro hijos, Pérez volvió al país que dejó hace 30 años. Antes se despidió de sus seres queridos, que no contuvieron las lágrimas. En Lake Worth, Florida, fue durante años intérprete de inglés a español y de maya. Ayudaba en hospitales, escuelas y otros espacios a inmigrantes que ni siquiera hablan español.
El futuro en Guatemala es incierto. Deja en Estados Unidos a sus hijos, todos ciudadanos estadounidenses. La mayor, de 21 años, interrumpirá sus planes de ir a la universidad para cuidar a sus hermanas de 13, 15 y 18 años, y para sacar adelante el negocio familiar de jardinería.

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"No soy una criminal. Tengo la frente en alto", dijo a Noticias Telemundo Olga Pérez, la intérprete de lengua maya mam que decidió autodeportarse a Guatemala, su país natal, tras permanecer detenida durante siete meses en el Centro de Detención de Eloy, Arizona. En el Aeropuerto Internacional de Fort Lauderdale-Hollywood, en Florida, este lunes fue despedida por sus hijos y por miembros de la comunidad inmigrante guatemalteca, a quienes apoyó como traductora por casi 30 años.

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Pérez estuvo recluida más de medio año en el centro de detención de Eloy, Arizona. A principios de junio un juez le negó la salida y ella decidió no apelar. Aceptó las condiciones de liberación para salir de un encierro que, dice, había deteriorado su salud física y mental.
A finales del mes pasado, sin muchas explicaciones, las autoridades le colocaron un grillete de vigilancia y la dejaron en una estación de autobús en Phoenix. Con ayuda de su comunidad pudo regresar a Florida. “No podía creer que estaba frente a mí”, relató su hija Jessica Pérez sobre ese reencuentro, ahora cortado por la partida.

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