Tras cuatro candidaturas presidenciales y tres derrotas consecutivas, Keiko Fujimori fue elegida como la nueva presidenta de Perú, al imponerse en una de las elecciones más reñidas de la historia reciente del país. El escrutinio oficial de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) concluyó con 50,135 % de los votos para Fujimori frente al 49,865 % obtenido por el izquierdista Roberto Sánchez, una diferencia de apenas 49.641 sufragios.
La victoria quedó confirmada 22 días después de la segunda vuelta electoral, celebrada el 7 de junio, tras un largo proceso de revisión del 100 % de las actas, votos observados, impugnaciones y el cómputo de los sufragios emitidos en el extranjero. Con ello, el resultado del escrutinio quedó oficialmente definido, aunque la proclamación formal de la presidenta electa aún corresponde al Jurado Nacional de Elecciones (JNE), que deberá concluir los procedimientos legales pendientes antes de oficializar el resultado. La ceremonia de investidura está prevista para el 28 de julio, cuando Fujimori asumirá la Presidencia para el período 2026-2031, coincidiendo con las celebraciones de la Independencia del Perú.
La candidata del partido Fuerza Popular alcanzó finalmente el objetivo que se le había escapado en las elecciones de 2011, 2016 y 2021, convirtiéndose además en la primera mujer elegida presidenta del Perú por voto popular. La estrechísima diferencia entre ambos aspirantes mantuvo al país en vilo durante más de tres semanas y obligó a las autoridades electorales a revisar cuidadosamente cada impugnación presentada por las organizaciones políticas.
Su rival, Roberto Sánchez, rechazó reconocer el resultado y denunció presuntas irregularidades en el proceso electoral, especialmente en la votación del exterior. No obstante, las misiones de observación internacional señalaron que los comicios se desarrollaron conforme a los estándares democráticos y sin evidencias de un fraude sistemático que alterara la voluntad popular.
El regreso del fujimorismo al Palacio de Gobierno representa uno de los acontecimientos políticos más relevantes de América Latina en 2026. Keiko Fujimori, hija del expresidente Alberto Fujimori, llega al poder con la promesa de reforzar la seguridad, reactivar la economía y recuperar la estabilidad institucional en un país que ha atravesado una profunda crisis política durante la última década. Sin embargo, también carga con el peso del legado de su padre, cuya figura continúa dividiendo a la sociedad peruana entre quienes destacan la derrota del terrorismo y la estabilidad económica alcanzada durante su mandato, y quienes recuerdan las violaciones a los derechos humanos y los casos de corrupción asociados a su gobierno.
La victoria de Fujimori abre un nuevo capítulo para Perú, pero no pone fin a la incertidumbre política. La estrechez del resultado, el rechazo de una parte de la oposición y la fragmentación del Congreso anticipan un mandato marcado por el desafío de construir gobernabilidad en un país donde la polarización sigue siendo uno de los principales obstáculos para alcanzar acuerdos de largo plazo.

