Irán amplía represalias y desafía a Estados Unidos en Ormuz

Irán lanzó una nueva oleada de misiles y drones contra instalaciones vinculadas a Estados Unidos en Kuwait, Baréin y Qatar, en respuesta a la segunda noche de bombardeos estadounidenses sobre territorio iraní. La escalada extendió de nuevo el conflicto hacia países aliados de Washington en el Golfo y coincidió con una disputa cada vez más abierta por el control de la navegación en el estrecho de Ormuz, una ruta decisiva para el comercio mundial de petróleo.

La Guardia Revolucionaria iraní aseguró que atacó dos bases utilizadas por Estados Unidos en Kuwait y otras dos en Baréin, mientras fuentes iraníes afirmaron que también fueron alcanzados un sistema antiaéreo Patriot, depósitos militares de combustible y un centro de comunicaciones en Qatar. Kuwait informó de la interceptación de misiles y drones, y Qatar activó temporalmente una alerta de seguridad, aunque hasta ahora no existe una evaluación independiente completa sobre los daños causados por la ofensiva iraní.

Los ataques fueron presentados por Teherán como represalia por los bombardeos ordenados por Washington contra objetivos iraníes. El Ministerio de Salud de Irán cifró en 14 los muertos y 78 los heridos durante las dos noches de ofensiva estadounidense, mientras autoridades provinciales señalaron que un proyectil impactó cerca de la planta nuclear de Bushehr, sin precisar las consecuencias para la instalación. Estas cifras proceden del Gobierno iraní y todavía no han sido verificadas de forma independiente.

La nueva confrontación también se trasladó al estrecho de Ormuz. El Comando Central de Estados Unidos negó que Irán controle esa vía marítima y sostuvo que sus fuerzas han facilitado desde mayo el tránsito seguro de más de 800 buques mercantes y 380 millones de barriles de petróleo crudo. Washington respondió así a la posición iraní de que los barcos deben circular únicamente por rutas designadas por Teherán mientras no exista un acuerdo definitivo sobre el conflicto.

Irán, por su parte, afirmó que los bombardeos estadounidenses han obstaculizado la reapertura gradual del estrecho y advirtió de consecuencias para los países dependientes del comercio marítimo. La disputa no es únicamente retórica, porque Washington justifica sus ataques como una operación para proteger la libertad de navegación después de agresiones contra buques comerciales, mientras Teherán utiliza su posición geográfica y su capacidad militar como instrumento de presión frente a Estados Unidos y sus aliados.

La ofensiva iraní contra objetivos situados en países terceros aumenta además la presión sobre los gobiernos del Golfo, que albergan instalaciones estadounidenses pero buscan evitar convertirse en frentes directos de la guerra. Kuwait, Baréin y Qatar quedan expuestos a represalias por una confrontación que no controlan plenamente, mientras sus sistemas de defensa y sus alianzas con Washington los convierten en piezas centrales de la estrategia militar estadounidense en la región.

El nuevo intercambio de ataques debilita todavía más el frágil proceso diplomático entre Washington y Teherán. Aunque ambas partes continúan atribuyendo al adversario la responsabilidad de la escalada, la combinación de bombardeos sobre Irán, represalias contra bases estadounidenses y amenazas sobre Ormuz eleva el riesgo de que una disputa militar limitada termine afectando de forma prolongada el transporte energético y la seguridad regional. La capacidad de Estados Unidos para mantener abierto el estrecho y la decisión de Irán de seguir utilizandolo como palanca de presión serán ahora dos de los principales factores para medir si el conflicto puede contenerse o entra en una fase más amplia.

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