La violencia continúa dejando cifras preocupantes en Guatemala. Durante los primeros 14 días de agosto, el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif) contabilizó 147 personas fallecidas por ataques con arma de fuego, arma blanca o asfixia por estrangulamiento, lo que representa un promedio superior a diez víctimas cada día. Del total registrado, 24 eran mujeres.
Las armas de fuego concentran ampliamente la mayor parte de las muertes. De acuerdo con los registros forenses, 125 de las 147 víctimas murieron por heridas de bala. El departamento de Guatemala encabezó los casos con 49, seguido de Escuintla con 15, mientras que Chiquimula, Quetzaltenango y Suchitepéquez registraron diez cada uno.
A estos hechos se suman 11 personas asesinadas con arma blanca, cinco de ellas en Chiquimula y dos en Izabal, además de casos registrados en Escuintla, Jutiapa, Petén y Quetzaltenango. El Inacif contabilizó asimismo otras 11 muertes por asfixia mediante estrangulamiento, nueve de las cuales se concentraron en el departamento de Guatemala.
Entre estas últimas víctimas, al menos siete fueron localizadas envueltas en sábanas y nailon, una circunstancia que refleja la particular violencia empleada en algunos de los crímenes. Además de los nueve casos registrados en Guatemala, se reportó uno en Escuintla y otro en Izabal.
Las cifras de agosto aparecen después de un primer semestre que, en términos acumulados, había mostrado una reducción de la violencia homicida. Guatemala cerró los primeros seis meses de 2026 con 1 mil 438 homicidios, 162 menos que durante el mismo período de 2025, según datos analizados por el Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN).
Sin embargo, el propio CIEN advirtió a finales de julio que esa tendencia favorable comenzaba a perder fuerza. Junio fue el primer mes de 2026 que registró más homicidios que el mismo mes del año anterior, mientras la violencia comenzó a mostrar incrementos en departamentos que tradicionalmente presentaban una menor incidencia, un comportamiento que podría apuntar a cambios en su distribución territorial.
El balance de las primeras dos semanas de agosto introduce así una nueva señal de alerta dentro de una evolución que deberá observarse durante los próximos meses. La reducción acumulada de homicidios durante el primer semestre no elimina el desafío de contener posibles repuntes, especialmente ante la elevada presencia de armas de fuego y la concentración de muertes violentas en determinados territorios del país.

