El Gobierno de Guatemala dio el primer paso para desarrollar un nuevo aeropuerto internacional en la Costa Sur al iniciar la denominada fase cero, una etapa de planificación en la que se definirán la ubicación, el modelo de financiamiento y la viabilidad técnica del proyecto. La iniciativa busca responder al crecimiento sostenido del transporte aéreo y preparar al país para la demanda de las próximas décadas, ante las limitaciones que presenta el Aeropuerto Internacional La Aurora, cuya expansión física es prácticamente inviable debido al desarrollo urbano que lo rodea.
El viceministro de Transportes, Fernando Suriano, explicó que esta fase preliminar comprende una serie de estudios especializados para identificar el terreno más adecuado, evaluar las condiciones geográficas, ambientales y meteorológicas, analizar la conectividad vial y ferroviaria, así como estimar los costos de construcción y operación. Además, se determinará el tamaño de la terminal, la longitud de las pistas, la capacidad para atender pasajeros y carga, y los servicios complementarios que requerirá el complejo aeroportuario. La Costa Sur aparece como la opción más sólida por contar con amplias extensiones de terreno plano, mejores condiciones para futuras ampliaciones y una ubicación estratégica para conectar con los principales corredores logísticos y puertos del Pacífico, aunque la decisión definitiva dependerá de los resultados de los estudios elaborados por la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC).
Uno de los principales argumentos del Ejecutivo es la creciente presión sobre La Aurora, que actualmente moviliza más de cinco millones de pasajeros al año y mantiene un crecimiento superior al 10 % anual. El aeropuerto opera en un espacio limitado dentro de la capital, rodeado de zonas residenciales, comerciales e industriales, lo que restringe la posibilidad de construir nuevas pistas o ampliar significativamente la terminal. Las autoridades advierten que, de mantenerse el ritmo de crecimiento del tráfico aéreo, la infraestructura actual podría resultar insuficiente para atender la demanda futura, afectando la competitividad del país y su capacidad para atraer nuevas rutas internacionales.
El proyecto forma parte de la tercera fase del Plan Maestro del Sistema Aeroportuario Nacional, una estrategia presentada en 2024 con horizonte hasta 2044 para modernizar la infraestructura aeroportuaria del país. La primera etapa del plan estuvo orientada al diagnóstico del sistema aeroportuario nacional, mientras que la segunda se enfocó en la recuperación y modernización de aeródromos y aeropuertos existentes. La tercera fase plantea la construcción de una nueva terminal internacional que permita consolidar a Guatemala como un centro regional para el transporte de pasajeros y carga, fortaleciendo la conectividad con Norteamérica, Sudamérica y otros mercados.
Para hacer viable una inversión de esta magnitud, el Gobierno prepara una iniciativa de ley que establezca un marco jurídico específico para facilitar la participación de capital privado en el desarrollo aeroportuario. Según Suriano, existe interés de inversionistas nacionales y de empresas provenientes de Japón y Canadá, que han manifestado disposición para participar en el financiamiento y construcción del proyecto. El modelo previsto contempla que el Estado conserve la rectoría, supervisión y regulación de la infraestructura, mientras que la inversión, construcción y eventual operación podrían desarrollarse mediante alianzas público-privadas u otros mecanismos de participación privada.
Aunque la iniciativa apenas comienza su fase de planificación y todavía no existe una fecha definida para el inicio de las obras, representa uno de los proyectos de infraestructura más ambiciosos impulsados por la administración del presidente Bernardo Arévalo. De concretarse, el nuevo aeropuerto no solo aliviaría la saturación de La Aurora, sino que también fortalecería la competitividad logística de Guatemala, impulsaría el turismo, facilitaría el comercio exterior, atraería nuevas inversiones y generaría miles de empleos durante su construcción y operación, convirtiéndose en una de las obras estratégicas más importantes para el desarrollo económico del país en las próximas décadas.

