Estados Unidos e Irán volvieron a una confrontación militar abierta tras una semana de bombardeos, ataques contra embarcaciones y acusaciones mutuas de incumplir el alto el fuego alcanzado el 17 de junio. La nueva escalada tiene como principal escenario el estrecho de Ormuz, una ruta estratégica para el comercio energético mundial, y amenaza con extenderse nuevamente hacia Irak, el mar Rojo y otros países de Oriente Medio.
El presidente estadounidense, Donald Trump, notificó formalmente al Congreso, mediante una carta fechada el 10 de julio, que el país se encuentra nuevamente en hostilidades con Irán. El documento activa un período de 60 días durante el cual el Ejecutivo puede emplear la fuerza militar sin una autorización específica del Capitolio, aunque posteriormente los legisladores podrían exigir el fin de las operaciones. Trump justificó los ataques del 7 de julio como parte de su responsabilidad de proteger a los ciudadanos y los intereses estadounidenses.
La madrugada del martes, fuerzas estadounidenses bombardearon objetivos militares en varias localidades costeras de Irán, entre ellas Bushehr, Chabahar, Jask, Konarak, Abu Musa y Bandar Abbas. El Comando Central aseguró que utilizó municiones de precisión contra sistemas de defensa costera y capacidades marítimas iraníes. Medios de ese país informaron de muertos y heridos como consecuencia de las operaciones, mientras el balance acumulado de la última semana supera la veintena de fallecidos y el centenar de lesionados, según datos citados por el Ministerio de Salud iraní.
Irán respondió con ataques contra instalaciones militares estadounidenses en Jordania y Baréin, incluida la sede de la Quinta Flota, además de golpear dos buques vinculados con Emiratos Árabes Unidos en el estrecho de Ormuz. En esas acciones murió un marinero de nacionalidad india y otros ocho tripulantes resultaron heridos. Jordania afirmó haber interceptado cuatro misiles dirigidos contra su territorio.
Trump también anunció un nuevo bloqueo contra barcos iraníes o vinculados comercialmente con Teherán. Inicialmente planteó cobrar un equivalente al 20 % de la carga transportada a embarcaciones extranjeras que utilizaran el estrecho, pero posteriormente retiró esa propuesta tras conversaciones con líderes de países de Oriente Medio. El presidente mantuvo, sin embargo, las restricciones contra los buques relacionados con Irán.
La disputa por Ormuz tiene consecuencias que trascienden la región. Por ese corredor circula aproximadamente una quinta parte del comercio mundial de hidrocarburos, por lo que cualquier bloqueo prolongado puede reducir la oferta, encarecer los seguros marítimos y alterar las rutas de transporte. La nueva escalada ya impulsó el precio del crudo Brent desde aproximadamente US$70 hasta US$85 por barril, su nivel más alto del mes.
Para economías importadoras como la guatemalteca, el principal riesgo es que la presión internacional se traslade nuevamente al precio de las gasolinas, el diésel, el transporte y los alimentos. Esta es una inferencia económica basada en el aumento del petróleo y en la relevancia de Ormuz para el suministro mundial: un conflicto prolongado podría agravar el costo de vida precisamente cuando los consumidores ya enfrentan nuevos incrementos en los combustibles.
La notificación de Trump al Congreso y la reanudación de los bombardeos muestran que el alto el fuego quedó prácticamente sin efecto. Aunque todavía existen gestiones diplomáticas para evitar una expansión regional, los ataques contra buques, bases militares y territorio iraní aumentan el riesgo de que la confrontación involucre directamente a más países y provoque una crisis energética con repercusiones mundiales.

