El Vaticano enviará a Lima a un representante del Papa para iniciar un proceso de indemnización a víctimas del Sodalicio de Vida Cristiana, una de las organizaciones religiosas más cuestionadas de América Latina por denuncias de abusos físicos, psicológicos y sexuales durante décadas. La medida marca un paso inédito de la Iglesia para reparar a afectados tras la disolución del grupo.
La misión será encabezada por Jordi Bertomeu, comisario apostólico designado por la Santa Sede, quien viajará a Perú para recibir testimonios y evaluar compensaciones económicas destinadas a víctimas que no fueron indemnizadas previamente. El proceso se desarrollará mediante un “canal de primera escucha” en Lima entre el 4 y el 22 de mayo de 2026, con el compromiso de responder a cada caso en un plazo aproximado de tres meses.
Las compensaciones provendrán de bienes incautados al Sodalicio, organización ultraconservadora fundada en 1971 y disuelta tras investigaciones que documentaron abusos sistemáticos y una estructura económica considerable. La medida ha sido considerada sin precedentes dentro de la Iglesia, al establecer un mecanismo formal de reparación financiado con el patrimonio de la propia institución intervenida.
La decisión se enmarca además en el nuevo enfoque impulsado por el papa León XIV, quien ha dado continuidad a la intervención iniciada por su antecesor y ha colocado el caso como una prioridad dentro de la política de transparencia del Vaticano.
La visita del enviado papal adquiere mayor relevancia en un contexto político y religioso más amplio, ya que el propio pontífice prepara un viaje a Perú para finales de 2026, país donde fue obispo y del que obtuvo la nacionalidad peruana en 2015. La Conferencia Episcopal Peruana ha señalado que el viaje tiene alta probabilidad de realizarse entre noviembre y diciembre, lo que refuerza el interés del Vaticano por cerrar el proceso del Sodalicio antes de esa visita.
El Papa mantiene una relación estrecha con Perú, donde desarrolló gran parte de su vida pastoral, especialmente en Chiclayo, lo que ha generado expectativa por una eventual agenda que podría incluir encuentros con víctimas y sectores afectados por el escándalo.
La llegada del enviado a Lima, seguida de la posible visita papal meses después, configura una estrategia clara del Vaticano: avanzar en la reparación de víctimas y cerrar uno de los casos de abusos más graves de la Iglesia en América Latina antes de la presencia directa del pontífice en el país.

