Las elecciones presidenciales de Perú, previstas para el 12 de abril, avanzan en un escenario altamente fragmentado, con un tercio del electorado aún indeciso y con varios candidatos empatados en niveles bajos de intención de voto, lo que abre la posibilidad de un contendiente sorpresa en la recta final de la campaña.
Según encuestas recientes, los conservadores Rafael López Aliaga y Keiko Fujimori lideran la contienda con entre 10% y 12% de apoyo, cifras que reflejan una carrera abierta y sin favoritos claros. En este contexto, los analistas consideran que las regiones fuera de Lima podrían ser decisivas, ya que concentran el mayor número de votantes y el porcentaje más alto de indecisos.
Expertos advierten que el voto en Perú suele definirse en los últimos días de campaña, especialmente en zonas rurales y alejadas, donde existe un fuerte sentimiento antisistema y anti-Lima, lo que incrementa la posibilidad de que un candidato con baja visibilidad inicial pueda escalar rápidamente.
Este fenómeno no es nuevo en el país. Analistas recuerdan el caso del expresidente Pedro Castillo, quien logró un crecimiento acelerado en la recta final de las elecciones anteriores, impulsado por el voto del interior del país y por propuestas orientadas a reformar la Constitución y redistribuir la riqueza.
El escenario actual se caracteriza por una contienda fragmentada, bajos niveles de apoyo individual y un elevado número de indecisos, factores que mantienen abierta la posibilidad de un giro inesperado en los días previos a la votación.

