Estados Unidos y el estado de Florida activaron un operativo conjunto ante el temor de una posible migración masiva desde Cuba, en un contexto marcado por el deterioro económico y social en la isla que podría derivar en un escenario similar a crisis migratorias históricas. Autoridades estadounidenses desplegaron recursos de la Guardia Costera, el Comando Sur y unidades estatales para reforzar la vigilancia marítima y preparar planes de contingencia ante una eventual salida masiva de balseros hacia las costas de Miami.
El gobernador de Florida, Ron DeSantis, ordenó reforzar la vigilancia en el sur del estado mientras agencias federales y militares coordinaron ejercicios y movilización de recursos, con el objetivo de interceptar embarcaciones precarias antes de que alcancen territorio estadounidense. Las autoridades buscan evitar una repetición de la crisis de 1994, cuando cerca de 36 mil cubanos emigraron en balsas improvisadas hacia Estados Unidos.
La preocupación no es nueva. Durante la crisis política y social en Cuba en 2021, autoridades y legisladores estadounidenses ya habían advertido sobre un posible éxodo similar al del Mariel. El senador cubanoamericano Marco Rubio señaló entonces que el régimen cubano podría amenazar con una crisis migratoria si aumentaba la presión internacional, recordando que en 1994 unos 35 mil cubanos se lanzaron al mar en embarcaciones precarias, muchos de los cuales fueron interceptados por la Guardia Costera y trasladados a la base de Guantánamo antes de ser admitidos en Estados Unidos.
Ese precedente se suma a otras señales de presión migratoria. En 2021, el número de balseros interceptados comenzó a aumentar y expertos advirtieron sobre un “éxodo silencioso” impulsado por escasez, represión y deterioro económico, factores que vuelven a aparecer en el contexto actual.
El despliegue actual refleja el temor de Washington a un nuevo episodio migratorio de gran escala, que no solo tendría implicaciones humanitarias, sino también políticas internas en Estados Unidos, particularmente en Florida, un estado clave en el debate migratorio y en la política nacional.
Mientras tanto, la situación en Cuba continúa deteriorándose y las autoridades estadounidenses buscan anticiparse a un escenario que, de concretarse, podría convertirse en una de las mayores crisis migratorias del Caribe en décadas.

