Estados Unidos anunció que prepara “las sanciones más duras de la historia” contra Irán, en una nueva escalada destinada a cortar las fuentes de ingresos de Teherán y aumentar la presión sobre su economía después de casi seis meses de conflicto. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, adelantó que Washington detallará el próximo lunes el alcance de las medidas y sostuvo que la combinación de restricciones financieras y presión sobre el comercio petrolero busca llevar al régimen iraní a un punto de quiebre económico.
La estrategia no se limita a bloquear operaciones directamente vinculadas con Estados Unidos. Washington pretende elevar el costo para empresas, bancos y países que continúen haciendo negocios con Irán, ampliando el alcance de las sanciones secundarias y de las medidas contra las redes utilizadas para comercializar petróleo. La ofensiva complementa el bloqueo aplicado desde julio y una sucesión de sanciones contra compañías, intermediarios y buques acusados de facilitar las exportaciones iraníes, una de las principales fuentes de divisas para Teherán.
China aparece como la pieza decisiva de esa estrategia. Más del 80% del petróleo iraní transportado por vía marítima tiene como destino compradores chinos, por lo que Bessent instó directamente a Beijing a cooperar con Washington. Estados Unidos ya había sancionado este año refinerías independientes y compañías vinculadas con el traslado de crudo iraní hacia China, mientras el secretario del Tesoro sugirió que Beijing tiene razones para evitar una prolongación de la crisis debido a su propia dependencia de los suministros energéticos procedentes del Golfo Pérsico. China, por su parte, rechaza las sanciones unilaterales y sostiene que la salida debe buscarse mediante la diplomacia.
La presión comienza a reflejarse en los flujos petroleros. Las exportaciones iraníes, que promediaron alrededor de 1.4 millones de barriles diarios en 2025, habrían descendido a unos 534 mil barriles diarios en agosto, mientras disminuye la disponibilidad de cargamentos para septiembre y octubre y las refinerías chinas buscan alternativas procedentes de países como Brasil e Irak. El volumen de petróleo iraní almacenado en buques fuera de la zona del bloqueo también habría caído de unos 105 millones a cerca de 80 millones de barriles, señales de que las restricciones están alterando una red comercial que durante años permitió a Teherán amortiguar el efecto de las sanciones.
Irán respondió rechazando la amenaza y advirtiendo sobre las consecuencias de una mayor presión estadounidense. El Gobierno de Masoud Pezeshkian sostiene que las sanciones constituyen una forma de guerra económica y mantiene que no renunciará a sus posiciones bajo coerción. La economía iraní ya enfrenta una inflación superior al 80% y un fuerte deterioro del poder adquisitivo, aunque décadas de restricciones han permitido al país desarrollar mecanismos para sustituir importaciones, utilizar intermediarios y mantener parte de sus exportaciones mediante circuitos alternativos.
La apuesta de Washington entra así en una fase de mayor riesgo económico y geopolítico. El éxito de las nuevas sanciones dependerá menos de cuántas restricciones adicionales anuncie Estados Unidos que de su capacidad para cerrar las vías externas que todavía permiten a Irán vender petróleo y mover recursos, lo que coloca inevitablemente a China en el centro de la estrategia. Presionar a Beijing puede reducir uno de los principales salvavidas financieros de Teherán, pero también abre un nuevo frente de fricción entre las dos mayores economías mundiales y puede añadir presión sobre un mercado energético ya alterado por el conflicto y las restricciones en el estrecho de Ormuz.

