Transportistas de carga mantienen bloqueados ambos sentidos de la ruta al Pacífico a la altura del kilómetro 37, en el cruce de San Vicente Pacaya, Palín, Escuintla, en una protesta que combina el creciente malestar por el precio de los combustibles con una serie de reclamos sobre las condiciones en las que opera el sector. Provial estableció que la interrupción comenzó a las 6:19 horas de este lunes 24 de agosto, provocando rápidamente largas filas y complicaciones sobre uno de los corredores logísticos más importantes del país.
El precio del diésel constituye uno de los principales detonantes de la movilización. Con el galón situado por encima de Q45 en distintas estaciones, los transportistas sostienen que sus costos de operación han alcanzado niveles cada vez más difíciles de absorber. Pero el pliego de inconformidades es más amplio: denuncian supuestos malos tratos por parte de la Dirección General de Transporte y distintas policías municipales de tránsito, además de dificultades en puertos y fronteras, competencia que califican de desleal y el deterioro de la infraestructura vial.
Los manifestantes colocaron neumáticos sobre la carretera para impedir la circulación y pidieron paciencia a los usuarios afectados, mientras agentes de la Policía Nacional Civil permanecen en el sector. El gremio sostiene que “no puede seguir trabajando así”, en momentos en que el encarecimiento del combustible coincide con problemas estructurales que, según los pilotos, dificultan y encarecen todavía más el transporte de carga. La movilización había sido anunciada desde el domingo, aunque con escaso margen antes del comienzo de la jornada laboral.
Las consecuencias del cierre comenzaron rápidamente a extenderse más allá de Palín. La PMT de Amatitlán anunció restricciones en los ingresos al casco urbano para evitar la llegada de transporte pesado y autobuses procedentes de la Costa Sur, mientras autoridades de Villa Nueva advirtieron que, de prolongarse la protesta, las filas podrían alcanzar también ese municipio. Como alternativa se ha recomendado utilizar la ruta de Bárcenas hacia la RN-14 para conectar posteriormente con Escuintla.
La protesta llega, además, cuando la respuesta institucional continúa atrapada entre cálculos políticos y propuestas enfrentadas. El Ejecutivo plantea un subsidio de Q12 por galón de diésel y Q3 para la gasolina regular, con un espacio presupuestario de Q3 mil 480 millones; en el Congreso persisten diferencias entre quienes respaldan esa fórmula, quienes prefieren reducciones temporales de impuestos y quienes promueven un fondo de estabilización. Después de semanas de discusión, ninguna de esas alternativas se ha traducido todavía en alivio para quien llega a una gasolinera.
El presidente Bernardo Arévalo ha elevado la presión sobre el Legislativo y volvió a reclamar avances durante la reciente inauguración del paso a desnivel de la calzada Roosevelt. El señalamiento tiene fundamento: el Ejecutivo puso una propuesta sobre la mesa y corresponde al Congreso aprobarla, modificarla o construir una alternativa viable. Pero el Gobierno tampoco puede convertir la ausencia de acuerdos legislativos en explicación permanente de una crisis que exige conducción política. Las reuniones con los bloques no han producido hasta ahora los consensos necesarios, mientras las objeciones sobre el costo, la fiscalización y la efectividad de repetir subsidios mantienen empantanada la discusión.
El cierre del kilómetro 37 expone ahora el precio de esa parálisis. Mientras Ejecutivo y Legislativo intercambian responsabilidades y discuten qué mecanismo resulta más conveniente, el diésel supera los Q45, los transportistas llevan su inconformidad a las carreteras y miles de ciudadanos terminan pagando dos veces: primero en el surtidor y después atrapados en los congestionamientos. La protesta no exime al gremio de responsabilidad por las consecuencias de cerrar una arteria estratégica, pero tampoco permite ignorar la señal política que deja detrás: cuando las instituciones prolongan durante semanas la respuesta a una crisis cotidiana, el vacío termina ocupándolo la presión de la calle.

