La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, destituyó a Vladimir Padrino López como ministro de Defensa tras casi 12 años en el cargo, en uno de los movimientos más significativos dentro del aparato militar chavista.
Padrino, considerado pieza clave en la estabilidad del régimen, será sustituido por el general Gustavo González López, un funcionario con amplio control en inteligencia y seguridad.
La decisión ocurre en medio de creciente malestar dentro de las Fuerzas Armadas, donde altos mandos cuestionaban el “bloqueo” en la cadena de ascensos provocado por su prolongada permanencia. A ello se sumó la presión tras el ataque estadounidense del 3 de enero, que dejó en evidencia fallas en la seguridad del Estado y generó reclamos internos: si hubo errores, por qué no hubo renuncias ni explicaciones.
La salida marca el fin de una era dentro del estamento militar, donde Padrino consolidó la influencia castrense en el poder político y fue uno de los principales soportes del chavismo durante años de crisis.
En su despedida, el exministro defendió su gestión: “ha sido el más alto honor de mi vida servir a la Patria”, y respaldó a su sucesor, asegurando que la Fuerza Armada “saldrá fortalecida”.
El relevo no es menor. González López, exjefe del Sebin y sancionado por EE. UU., asume el control militar en un momento de alta tensión política y reconfiguración del poder, tras la captura de Nicolás Maduro en enero.
Más allá del cambio, el mensaje es claro: el chavismo se reordena para sostenerse, pero deja al descubierto fisuras internas que durante años permanecieron contenidas.

