El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, mantiene niveles de aprobación superiores al 90% tras siete años en el poder, una cifra inusual en América Latina que lo mantiene como uno de los gobernantes mejor evaluados de la región. Encuestas recientes de CID Gallup sitúan su respaldo entre 91.9% y 94%, impulsado principalmente por la percepción ciudadana sobre la mejora de la seguridad.
La principal fortaleza del gobierno continúa siendo su estrategia contra las pandillas. Según los sondeos, 98% de los salvadoreños aprueba la gestión en materia de seguridad, mientras que 97% afirma no haber sido víctima de delitos en los últimos meses. Estos resultados contrastan con la situación que enfrentaba el país antes de la implementación del régimen de excepción en 2022, una medida que sigue siendo ampliamente respaldada por la población pese a las críticas de organismos de derechos humanos.
Con la seguridad consolidada como su principal activo político, la atención del gobierno comienza a desplazarse hacia otro desafío: la economía. Analistas consideran que los próximos meses estarán marcados por la necesidad de generar empleo, atraer inversiones y mantener el crecimiento económico, temas que podrían definir el respaldo ciudadano de cara a las elecciones de 2027.
El turismo y los proyectos de infraestructura figuran entre las principales apuestas del Ejecutivo. Las autoridades buscan capitalizar la mejora de la seguridad para atraer visitantes, fortalecer la inversión privada y promover iniciativas que permitan dinamizar la economía. El gobierno también enfrenta el reto de mantener la estabilidad fiscal y gestionar una deuda pública que continúa siendo observada de cerca por organismos internacionales.
A pesar de su popularidad, Bukele sigue enfrentando cuestionamientos de sectores opositores y organizaciones defensoras de derechos humanos, que han expresado preocupación por las detenciones realizadas bajo el régimen de excepción y por la concentración de poder en el Ejecutivo. Sin embargo, esos señalamientos no han tenido un impacto significativo en los niveles de respaldo ciudadano registrados hasta ahora.
Las reformas impulsadas por el oficialismo y el control que ejerce sobre las principales instituciones del Estado han fortalecido la posición política del mandatario, que llega a la antesala del proceso electoral de 2027 con una oposición debilitada y sin figuras que, por ahora, parezcan capaces de disputar su influencia dentro de la política salvadoreña.
El gran reto para Bukele será demostrar que los avances en seguridad pueden traducirse en beneficios económicos sostenibles. Si logra mantener el crecimiento, atraer inversiones y mejorar las oportunidades para la población, podría consolidar uno de los proyectos políticos más exitosos de la historia reciente de El Salvador.

