La captura de dos presuntos integrantes del Barrio 18 mientras, según la Policía Nacional Civil (PNC), descuartizaban a un hombre dentro de una vivienda abandonada en la colonia Santa Faz, zona 18, volvió a colocar sobre la mesa el nivel de violencia que persiste en sectores urbanos históricamente dominados por pandillas, pese al discurso oficial que insiste en una reducción sostenida de homicidios y delitos de alto impacto.
El operativo fue ejecutado por agentes de la Comisaría 12 y de la División Especializada en Investigación Criminal (DEIC), luego de denuncias anónimas de vecinos que alertaron sobre movimientos sospechosos, ruidos y malos olores provenientes del inmueble abandonado. Al ingresar al lugar, los agentes sorprendieron a los presuntos pandilleros en flagrancia, en una escena que incluso dentro de las fuerzas de seguridad fue catalogada como estremecedora.
Entre los capturados figura Diego de Jesús Herrera Rodríguez, de 28 años, alias “Psicópata”, identificado por las autoridades como integrante del Barrio 18. Junto a él fue remitido un adolescente de 16 años conocido como “Diabólico”, quien, según el reporte policial, tenía un cuchillo en la mano al momento de la intervención.
Las imágenes difundidas posteriormente por la PNC reflejan la crudeza con la que continúan operando estructuras criminales en áreas periféricas de la capital, particularmente en la zona 18, uno de los territorios donde históricamente se concentra buena parte de la actividad pandilleril del país. La brutalidad del crimen volvió a encender las alarmas sobre el verdadero alcance territorial y operativo de las pandillas en Guatemala.
Aunque las autoridades sostienen que los homicidios mantienen una tendencia a la baja, el caso evidencia una realidad incómoda para el Estado: la reducción estadística de asesinatos no necesariamente significa una disminución de la violencia extrema ni del control criminal en determinados sectores urbanos.
Hasta ahora, las autoridades no han revelado la identidad de la víctima ni el posible móvil del asesinato. El Ministerio Público deberá establecer si el crimen responde a disputas internas, ajustes de cuentas o mecanismos de castigo utilizados por estructuras pandilleras. Mientras tanto, el hallazgo vuelve a golpear la percepción de seguridad en la capital y deja en evidencia que Guatemala aún enfrenta focos de violencia capaces de desafiar cualquier narrativa oficial de control absoluto.

