El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que sería “un gran honor” para él “tomar Cuba”, en medio del aumento de las tensiones entre Washington y La Habana por la crisis energética que atraviesa la isla y las presiones económicas de la administración estadounidense.
Durante una conversación con periodistas en el Despacho Oval de la Casa Blanca, Trump aseguró que la isla atraviesa una situación de debilidad económica y dejó entrever que su Gobierno podría intervenir de distintas formas. “Creo realmente que tendré el honor de tomar Cuba, de alguna manera”, declaró. “Quiero decir liberarla o tomarla. Creo que puedo hacer lo que quiera, si quiere que le diga la verdad”, añadió.
El mandatario volvió a describir a Cuba como una “nación fallida” y sostuvo que el país se encuentra cerca del colapso económico. Al mismo tiempo, señaló que la isla tiene potencial económico, especialmente en el sector turístico, al que se refirió como uno de los principales atractivos para eventuales inversiones.
Las declaraciones se producen en un momento de fuerte presión económica sobre La Habana. Desde enero, Washington ha intensificado las sanciones y ha advertido que impondrá medidas comerciales contra países que suministren petróleo a Cuba, lo que ha agravado la escasez de combustible en la isla.
La crisis energética se ha profundizado en las últimas semanas con apagones generalizados y fallas estructurales en el sistema eléctrico, que llegó a registrar el colapso total del sistema de generación, dejando sin servicio a gran parte del país. Esta situación ha intensificado el descontento social y las protestas en distintas ciudades.
En medio de la tensión, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel reconoció recientemente que ambos gobiernos mantienen contactos y conversaciones para abordar la crisis y las relaciones bilaterales, aunque el clima político entre Washington y La Habana sigue marcado por amenazas, sanciones y una retórica cada vez más confrontativa.
Las declaraciones de Trump han elevado la preocupación en la región, donde analistas advierten que su retórica podría abrir un nuevo capítulo de confrontación política entre Estados Unidos y Cuba, una relación históricamente marcada por décadas de embargo, tensiones diplomáticas y episodios de confrontación durante y después de la Guerra Frí

