El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) adjudicó un contrato por US$16.7 millones para adquirir seis mil pares de guantes capaces de producir descargas eléctricas. Los dispositivos serán entregados a agentes federales para controlar a personas durante arrestos, traslados de detenidos y otras operaciones de alta tensión.
Los aparatos, conocidos como G.L.O.V.E. —siglas en inglés de emisor de voltaje de baja intensidad—, funcionan como guantes convencionales hasta que el agente activa su modalidad eléctrica. Para producir dolor deben entrar en contacto directo con la piel, lo que permite aplicar la descarga a corta distancia y de una manera menos visible que otras armas de control.
ICE sostiene que estos dispositivos ofrecerán una alternativa no letal para reducir enfrentamientos y evitar métodos de fuerza más severos. El Departamento de Seguridad Nacional aseguró que su utilización estará sujeta a políticas institucionales, capacitación específica y mecanismos de rendición de cuentas.
El contrato fue adjudicado sin concurso a Compliant Technologies LLC, una empresa con sede en Kentucky. El fabricante advierte que los guantes no deben emplearse como castigo ni contra personas que únicamente manifiesten resistencia verbal, y desaconseja su aplicación sobre niños, embarazadas, adultos mayores y personas con discapacidad.
La compra provocó objeciones de organizaciones defensoras de derechos civiles y de 16 senadores estadounidenses. Los críticos advierten que los guantes proporcionan una forma discreta de causar dolor, difícil de identificar posteriormente, y cuestionan que una agencia encargada principalmente de aplicar leyes migratorias necesite incorporar este tipo de tecnología.
Las dudas aumentan por los antecedentes de ICE en materia de uso de la fuerza. Un análisis de la Unión Americana de Libertades Civiles sobre 1,213 incidentes ocurridos en 2025 encontró que en al menos 375 hubo fuerza o amenazas de utilizarla. La agencia también ha sido cuestionada por operaciones en las que agentes no portaban cámaras corporales.
La discusión no se limita a determinar si los guantes son menos lesivos que un arma de fuego o un dispositivo Taser. Su carácter oculto y la proximidad física necesaria para activarlos elevan el riesgo de usos abusivos contra detenidos o manifestantes, por lo que la capacitación anunciada deberá acompañarse de registros obligatorios, cámaras corporales y supervisión independiente que permita establecer cuándo y contra quién se aplica cada descarga.

