El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó este jueves 27 de agosto una orden ejecutiva para cambiar el nombre del lago Ontario por “Lago América” en los registros y documentos oficiales del Gobierno federal estadounidense. La medida entra en vigor en medio de una creciente disputa comercial y diplomática con Canadá.
La orden instruye al Departamento del Interior y a la Junta de Nombres Geográficos a modificar el Sistema de Información de Nombres Geográficos. El Gobierno tendrá un plazo de 30 días para actualizar mapas, contratos, documentos y comunicaciones federales, aunque Trump afirmó durante la firma que el cambio tendría efecto inmediato.
El mandatario había anticipado la decisión mediante un video publicado en Instagram, en el que aseguró que el lago Ontario “ya no existe” con esa denominación. Durante el acto en el Salón Oval, recordó que en 2025 ordenó llamar “Golfo de América” al golfo de México y sugirió que también podría considerar nuevos nombres para los océanos Atlántico y Pacífico.
La Casa Blanca justificó el cambio por la importancia histórica y económica del lago para Estados Unidos. La orden destaca su función en el transporte de mercancías, la producción energética y el abastecimiento de agua, además de señalar que Washington invirtió cerca de USD 4.000 millones durante la última década en la protección del ecosistema de los Grandes Lagos.
Sin embargo, la decisión tiene un alcance limitado. El lago Ontario, uno de los cinco Grandes Lagos de América del Norte, está situado entre el estado de Nueva York y la provincia canadiense de Ontario, con aproximadamente el 52 % de su superficie en territorio canadiense. Estados Unidos no puede obligar a Canadá ni a organismos internacionales a adoptar la nueva denominación, por lo que el nombre tradicional continuará vigente fuera del ámbito federal estadounidense.
La medida coincide con el deterioro de las relaciones entre Washington y Ottawa después del fracaso de las negociaciones para evitar una nueva escalada arancelaria. Canadá anunció gravámenes sobre bienes estadounidenses valorados en USD 20.000 millones, mientras la administración Trump amenazó con ampliar las sanciones comerciales sobre acero, automóviles, camiones y autopartes.
Aunque Trump afirmó inicialmente que el cambio no buscaba transmitir ningún mensaje, posteriormente acusó a Canadá de aprovecharse de Estados Unidos en materia comercial y de seguridad. El rebautizo carece de efectos sobre la soberanía o la frontera compartida, pero constituye un gesto político y simbólico que añade tensión a una relación bilateral ya afectada por los aranceles y las declaraciones del mandatario estadounidense.

