El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ordenó reducir de forma sustancial los ejercicios militares conjuntos con Corea del Sur, una decisión que justificó por su elevado costo, la falta de apoyo de Seúl a Washington frente a Irán y su intención de evitar provocaciones hacia Corea del Norte. La medida introduce un nuevo elemento de incertidumbre en una de las principales alianzas militares de Estados Unidos en Asia.
Trump sostuvo que Washington asume una parte importante del costo de unas maniobras que considera excesivamente caras y cuestionó la posición surcoreana ante la política estadounidense hacia Irán. Al mismo tiempo, volvió a destacar su relación con Kim Jong-un y señaló que Pyongyang se ha mostrado respetuoso durante su presidencia. El mandatario considera que los ejercicios de gran escala envían una señal innecesariamente hostil a Corea del Norte.
La decisión coincide con el inicio de las maniobras anuales Ulchi Freedom Shield, programadas entre el 17 y el 27 de agosto. El Ministerio de Defensa surcoreano aseguró que los ejercicios comenzaron según lo previsto, con alrededor de 18 mil efectivos nacionales y entrenamientos frente a amenazas como drones, ataques cibernéticos e interferencias de GPS. Seúl mantiene por ahora el calendario acordado pese al anuncio de Trump.
El presidente estadounidense recupera así una línea que ya aplicó durante su primer mandato. Tras su histórica cumbre con Kim en Singapur en 2018, suspendió importantes ejercicios conjuntos por considerarlos costosos y provocadores, aunque posteriormente fueron recuperándose ante el estancamiento de las negociaciones nucleares. Trump vuelve ahora a vincular la reducción de las maniobras con la posibilidad de rebajar las tensiones con Pyongyang.
El giro adquiere una dimensión adicional por las diferencias entre Washington y Seúl en otros frentes. Trump ha expresado su malestar por la posición surcoreana ante Irán y mantiene discrepancias con su aliado sobre cuestiones comerciales y el reparto de los costos de defensa. La seguridad en la península coreana queda así entrelazada con las crecientes exigencias estadounidenses a sus aliados.
Corea del Norte ha denunciado tradicionalmente estos ejercicios como preparativos para una eventual agresión y ha advertido que reforzará su capacidad de disuasión nuclear frente a la cooperación militar entre Estados Unidos, Corea del Sur y Japón. Una reducción de las maniobras podría facilitar un nuevo acercamiento diplomático, pero también genera dudas sobre su impacto en la capacidad de disuasión estadounidense en la región.
El movimiento cobra todavía mayor relevancia después de que Trump asegurara que Kim Jong-un ha respondido a sus recientes acercamientos, aunque no reveló el contenido ni la naturaleza de esos contactos. Tras el fracaso de las negociaciones de 2018 y 2019 sobre el programa nuclear norcoreano y las sanciones internacionales, el presidente estadounidense vuelve a colocar su relación personal con Kim en el centro de una estrategia que deberá equilibrar cualquier apertura hacia Pyongyang con la confianza de Seúl en el compromiso militar de Washington.

