El Índice de Precios al Consumidor (IPC) de Guatemala alcanzó 104.56 puntos en julio de 2026, su nivel más alto en lo que va del año, en medio de un repunte de los precios impulsado principalmente por los combustibles. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), la inflación mensual se situó en 0.66%, mientras el ritmo interanual alcanzó 2.70% y la inflación acumulada durante 2026 llegó a 2.34%.
El comportamiento representa un cambio importante frente a junio, cuando la inflación mensual había sido de -0.32%. En apenas un mes se produjo así una variación de 0.98 puntos porcentuales, mientras la inflación interanual pasó de 2.27% a 2.70%. Pese al repunte, el nivel continúa considerablemente por debajo de episodios recientes de mayor presión inflacionaria, como el 8.36% registrado en julio de 2022.
Los combustibles explican buena parte del movimiento. La división de transporte registró la mayor incidencia mensual positiva, con 0.5601%, muy por encima de restaurantes, con 0.0256%, y vivienda, con 0.0227%. Por productos, la gasolina encabezó las presiones al alza con una incidencia de 0.5058%, seguida por el diésel, con 0.0558%; la cebolla, con 0.0165%; el gas propano, con 0.0093%, y el maíz, con 0.0073%.
La presión también alcanza directamente la alimentación. La Canasta Básica Alimentaria Urbana (CBAU) aumentó a Q945.74 mensuales por persona, frente a Q943.14 en junio, equivalente a un incremento de 0.28%. En el área rural, la Canasta Básica Alimentaria Rural (CBAR) llegó a Q730.23 por persona, con una variación mensual de 0.42%.
El avance acumulado de los precios continúa reduciendo además la capacidad de compra de los hogares. Tomando como referencia el año base 2024, el poder adquisitivo de Q1 se sitúa alrededor de Q0.96, lo que refleja la pérdida progresiva del valor real del dinero frente al incremento del costo de bienes y servicios.
El comportamiento de julio devuelve así los combustibles al centro de la evolución inflacionaria guatemalteca, en momentos en que sus precios y los mecanismos utilizados para contenerlos —incluidos los subsidios— forman parte también del debate político. Aunque el ritmo interanual de 2.70% continúa siendo moderado, el salto registrado entre junio y julio muestra la sensibilidad del costo de vida ante los precios energéticos y el riesgo de que sus efectos terminen trasladándose al transporte, los alimentos y otros gastos cotidianos.

