Estados Unidos prepara una nueva fase de su ofensiva contra los cárteles del narcotráfico en América Latina, con operaciones terrestres y el empleo de capacidades desarrolladas durante las campañas contra organizaciones como ISIS y Al Qaeda. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, presentó el nuevo enfoque durante su visita a Panamá, donde aseguró que Washington pretende intensificar la presión sobre las organizaciones criminales que considera una amenaza para Estados Unidos y sus aliados.
“Vamos a llevar la campaña a tierra”, afirmó Hegseth al explicar que las capacidades adquiridas por las Fuerzas Armadas estadounidenses durante más de dos décadas de lucha antiterrorista serán adaptadas al combate contra organizaciones criminales transnacionales. La nueva etapa pretende complementar las operaciones marítimas y aéreas contra las rutas del narcotráfico atacando también las estructuras que operan desde tierra firme, aunque su aplicación dependerá de la cooperación con los gobiernos de la región.
Las declaraciones fueron realizadas durante la reunión de la Coalición de las Américas contra los Cárteles (A3C), celebrada en Panamá. Allí, Hegseth destacó a los países dispuestos a profundizar la cooperación operativa con Washington y agradeció expresamente a Guatemala y Honduras por abrir la puerta a operaciones conjuntas con Estados Unidos contra los narcocárteles. Ecuador fue señalado como uno de los países que ya ha avanzado en este tipo de acciones combinadas.
La mención coloca a Guatemala directamente dentro de la nueva etapa de la estrategia estadounidense contra el narcotráfico. Hegseth felicitó al país por su cooperación y disposición a trabajar conjuntamente, en un momento en que Washington busca pasar del intercambio de inteligencia, entrenamiento e interdicción hacia una coordinación operativa más intensa. El alcance concreto de eventuales acciones en territorio guatemalteco deberá, sin embargo, definirse dentro de los acuerdos entre ambos gobiernos.
Colombia también aparece entre los países que profundizarán esa cooperación, mientras Ecuador, Guatemala y Honduras fueron destacados por Hegseth como socios regionales. El planteamiento estadounidense no tiene, sin embargo, la misma recepción en todo el continente: México ha rechazado reiteradamente cualquier intervención militar estadounidense dentro de su territorio, aun cuando mantiene mecanismos de cooperación bilateral contra los cárteles.
La referencia a Guatemala adquiere especial importancia porque no se trata de un acercamiento surgido únicamente de la reunión de Panamá. El Gobierno de Bernardo Arévalo ya había avanzado durante los últimos meses en la cooperación con Washington frente al narcotráfico, por lo que las declaraciones de Hegseth confirman públicamente la intención de profundizar esa relación hacia acciones operativas conjuntas.
Con el anuncio, Estados Unidos eleva considerablemente la dimensión militar de su estrategia contra los cárteles latinoamericanos. La comparación con las campañas contra ISIS y Al Qaeda revela la consideración que Washington pretende otorgar a estas organizaciones como amenazas de seguridad, mientras Guatemala aparece ahora entre los países dispuestos a acompañar esa nueva etapa. La cuestión pendiente será determinar qué tipo de operaciones conjuntas se realizarán, qué participación tendrán fuerzas estadounidenses y bajo qué condiciones actuarán dentro del territorio guatemalteco.
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