Grupo Energía Bogotá frena inversiones en Guatemala

El Grupo Energía Bogotá (GEB) decidió suspender nuevas inversiones en proyectos de transmisión eléctrica en Guatemala, después de destinar US$513 millones a infraestructura desde su llegada al país y enfrentar retrasos que, según sus ejecutivos, han impedido obtener utilidades. La junta directiva de la compañía colombiana resolvió no participar por ahora en nuevas expansiones mientras no mejoren las condiciones de riesgo, una decisión de peso para un sistema eléctrico que necesitará ampliar considerablemente sus redes durante los próximos años.

Buena parte de las dificultades se concentra en el Plan de Expansión del Sistema de Transporte PET-01-2009, desarrollado por medio de su operación local. El proyecto debía concluir en 2012, pero 14 años después registra un avance de 97.4%, según Juan Jacobo Rodríguez, gerente general de Conecta. Obstáculos para completar y poner en funcionamiento determinados tramos prolongaron una inversión que el grupo asegura todavía no ha generado rentabilidad, pese al volumen de capital comprometido.

La decisión contrasta con el mensaje que la compañía mantenía hasta hace apenas dos años. En junio de 2024, GEB y su filial Conecta pusieron en operación la Subestación Modesto Méndez, destinada a mejorar el suministro eléctrico de Petén e Izabal, una obra que requirió 41 meses de construcción y empleó en promedio a unas 300 personas entre trabajadores y contratistas. La infraestructura cuenta con capacidad de 75 MVA y tecnología de 230/69 kV, acompañada por la entrada en operación comercial de una línea de transmisión de 34 kilómetros.

La dimensión de esa obra refleja también las necesidades que persisten fuera de los principales centros urbanos. El entonces ministro de Energía y Minas, Víctor Hugo Ventura, calificó la subestación como una de las infraestructuras energéticas más importantes construidas en Petén, Izabal y parte de Alta Verapaz en tres décadas y señaló que, durante sus primeros días, la demanda ya había superado el 50% de su capacidad. El propio presidente de GEB, Juan Ricardo Ortega, defendía entonces la necesidad de continuar incorporando líneas y subestaciones para garantizar un suministro más confiable y acompañar el crecimiento de la demanda.

Ese diagnóstico no ha cambiado, pero sí la disposición del inversionista. Los ejecutivos estiman que Guatemala requerirá alrededor de 5 mil kilómetros adicionales de líneas de transmisión y unas 200 nuevas subestaciones para responder al crecimiento futuro. El país necesita suficiente generación, pero también una red capaz de transportar esa electricidad hacia hogares, industrias y comercios. La decisión de GEB resulta por ello especialmente sensible: uno de los operadores que conoce de primera mano las necesidades del sistema considera que las condiciones actuales no justifican comprometer nuevo capital.

GEB no abandona Guatemala y continuará operando la infraestructura existente, pero el giro respecto de 2024 resulta evidente. Una compañía que hace dos años presentaba la subestación Modesto Méndez como ejemplo de colaboración público-privada ahora congela nuevas inversiones después de desembolsar US$513 millones sin alcanzar todavía la rentabilidad esperada. El problema deja de ser únicamente empresarial y plantea una advertencia para el país: Guatemala necesita atraer miles de millones en infraestructura energética, pero difícilmente podrá hacerlo de manera sostenida si los proyectos estratégicos acumulan retrasos durante más de una década y los inversionistas perciben que el riesgo termina superando las posibilidades de retorno.

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