La red eléctrica de Cuba sufrió un nuevo colapso nacional la noche del domingo, dejando sin servicio a la mayor parte de la isla y profundizando una crisis energética que se ha convertido en uno de los principales desafíos para el Gobierno de Miguel Díaz-Canel. Se trata del sexto apagón general registrado en lo que va de 2026, apenas un día después de que otro fallo dejara sin electricidad a la mitad occidental del país.
La estatal Unión Eléctrica (UNE) informó que la desconexión total del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) ocurrió a las 10:43 de la noche (hora local). De inmediato comenzaron las labores para restablecer el suministro mediante la creación de “islas” energéticas, un procedimiento que consiste en recuperar pequeñas zonas con generación propia para luego interconectarlas de forma gradual.
Hasta este lunes, las autoridades habían logrado energizar más de un centenar de sectores considerados estratégicos, mientras continuaban los trabajos para reincorporar las principales centrales termoeléctricas al sistema nacional. Sin embargo, no se había informado oficialmente la causa del nuevo colapso, a diferencia del apagón parcial ocurrido el sábado, que fue atribuido a una falla simultánea en dos líneas de transmisión de 220 kilovoltios.
El nuevo apagón evidencia la fragilidad de un sistema eléctrico sometido a una presión constante por la obsolescencia de la infraestructura, la limitada capacidad de generación y la escasez de combustible. La crisis energética se arrastra desde 2024, pero se ha agravado durante este año, provocando cortes de electricidad cada vez más prolongados y frecuentes en distintas regiones del país.
El Gobierno cubano sostiene que la situación responde al endurecimiento de las restricciones estadounidenses sobre el suministro de combustibles hacia la isla, mientras diversos analistas también señalan el deterioro de las plantas termoeléctricas y la falta de inversión en el sistema energético como factores que explican la repetición de los apagones.
Para millones de cubanos, los cortes de energía ya forman parte de la vida cotidiana. Además de afectar los hogares, los apagones interrumpen el funcionamiento de hospitales, comercios, industrias y servicios básicos, lo que agrava el impacto de la crisis económica que atraviesa el país y aumenta el descontento de la población.

