Keiko Fujimori asumió este martes la Presidencia de Perú para el período 2026-2031, convirtiéndose en la primera mujer elegida por voto popular para gobernar el país y marcando el regreso del fujimorismo al poder tras casi tres décadas. Su investidura ocurre después de una ajustada victoria electoral y en un escenario de profunda inestabilidad política, con nueve presidentes en los últimos diez años. La ceremonia tuvo además un fuerte simbolismo: 36 años después de que su padre, Alberto Fujimori, asumiera por primera vez la Presidencia el 28 de julio de 1990, Keiko juró el cargo en la misma fecha, como establece el calendario constitucional peruano para cada cambio de mando.
En su primer mensaje a la Nación, la nueva mandataria aseguró que su administración buscará recuperar la gobernabilidad y devolver la confianza en las instituciones. Prometió combatir la inseguridad con mayor participación de las Fuerzas Armadas en apoyo a la Policía Nacional, reforzar la lucha contra el crimen organizado, preparar al país frente al fenómeno de El Niño y gobernar hasta 2031, “ni un día más”, en un intento por transmitir estabilidad tras una década marcada por la crisis política. También anunció un incremento de la Remuneración Mínima Vital de S/1.130 a S/1.300, acompañado de un bono temporal para las micro y pequeñas empresas, además de duplicar el beneficio del programa Pensión 65, que pasará a S/700 bimestrales para los adultos mayores en situación de pobreza extrema.
La investidura reunió a una nutrida representación internacional encabezada por el rey Felipe VI de España y los presidentes Javier Milei (Argentina), José Antonio Kast (Chile), Daniel Noboa (Ecuador), José Raúl Mulino (Panamá), Santiago Peña (Paraguay), Yamandú Orsi (Uruguay), Nasry Asfura (Honduras) y Rodrigo Paz (Bolivia), además del jefe de Gobierno de Aruba y delegaciones de Estados Unidos, China, Japón y Corea del Sur. Guatemala estuvo representada por la vicepresidenta Karin Herrera, designada por el presidente Bernardo Arévalo para asistir a la transmisión del mando y desarrollar una agenda de reuniones bilaterales.
El inicio del nuevo Gobierno también estuvo acompañado por manifestaciones de rechazo de colectivos que cuestionan el retorno del fujimorismo al poder y exigen justicia por las violaciones a los derechos humanos y los casos de corrupción vinculados al gobierno de Alberto Fujimori. Al mismo tiempo, la nueva presidenta llega al poder con una posición parlamentaria más favorable que la de sus antecesores, aunque deberá gobernar un país profundamente polarizado y responder a las altas expectativas en materia de seguridad, crecimiento económico y fortalecimiento institucional.
El principal desafío de Keiko Fujimori será demostrar que puede romper con el ciclo de inestabilidad que ha marcado a Perú durante la última década. Su capacidad para traducir las promesas de campaña en resultados concretos será determinante para recuperar la confianza ciudadana y evitar que el país continúe inmerso en una crisis política casi permanente.

