La condena a cadena perpetua de Ismael “El Mayo” Zambada, histórico líder del Cártel de Sinaloa, no marca el final de la ofensiva estadounidense contra el narcotráfico mexicano. Por el contrario, Washington aseguró que la sentencia abre una nueva etapa centrada en perseguir tanto a las organizaciones criminales como a los funcionarios señalados de facilitar sus operaciones.
La sentencia fue dictada por el juez Brian Cogan, el mismo magistrado que en 2019 condenó a Joaquín “El Chapo” Guzmán. Durante la audiencia, Zambada, de 76 años, pidió perdón por el daño causado y exhortó a los jóvenes a no seguir el camino del narcotráfico. Sin embargo, la Fiscalía estadounidense sostuvo que, pese a su edad y estado de salud, el cofundador del Cártel de Sinaloa aún representa un riesgo por la influencia que podría mantener sobre la organización criminal desde prisión. Además de la cadena perpetua, la justicia ordenó el decomiso de aproximadamente 15 mil millones de dólares vinculados a las actividades del narcotraficante.
El director de la DEA, Terrance Cole, afirmó que la condena de Zambada representa “solo el comienzo” de una estrategia más amplia para desmantelar las redes financieras, políticas y criminales vinculadas al narcotráfico. Según el Gobierno de Donald Trump, el objetivo ya no se limita a encarcelar a los grandes capos, sino también a combatir la corrupción que, sostiene, permitió durante décadas la expansión de los cárteles en México.
La nueva postura vuelve a elevar la tensión entre Washington y el Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum. Mientras Estados Unidos mantiene señalamientos contra diversos políticos mexicanos por presuntos vínculos con organizaciones criminales, las autoridades mexicanas insisten en que esas acusaciones carecen de pruebas suficientes y constituyen una injerencia en asuntos internos del país.
La sentencia contra Zambada también simboliza el ocaso del antiguo liderazgo del Cártel de Sinaloa. Durante más de cinco décadas, “El Mayo” construyó una de las organizaciones criminales más poderosas del mundo sin haber pisado una prisión hasta su captura en 2024. Con Joaquín “El Chapo” Guzmán condenado desde 2019 y ahora Zambada sentenciado a cadena perpetua, desaparece la generación que consolidó el dominio internacional del cártel.
Sin embargo, el debilitamiento de sus fundadores no significa el fin de la organización. Analistas consideran que el cártel atraviesa una profunda reconfiguración, marcada por la disputa entre las facciones de Los Chapitos y La Mayiza, una confrontación que ha incrementado la violencia en Sinaloa y ha fragmentado el poder que durante años ejerció el grupo criminal.
Paralelamente, la Fiscalía General de la República de México anunció que analizará la posibilidad de reclamar parte de los 15 mil millones de dólares decomisados por la justicia estadounidense, al argumentar que esos recursos provienen de actividades ilícitas desarrolladas en territorio mexicano.
Con la caída de “El Mayo”, Washington sostiene que comienza una nueva fase de su estrategia regional contra el crimen organizado. El mensaje de la Casa Blanca es que la persecución no terminará con los líderes históricos del narcotráfico, sino que se extenderá hacia las estructuras económicas, financieras y políticas que, según las autoridades estadounidenses, permitieron durante décadas el fortalecimiento de los cárteles mexicanos.

