La última comparecencia de Gustavo Petro ante el Congreso como presidente de Colombia estuvo marcada por la polarización política. Mientras miles de simpatizantes respondían a su convocatoria para conmemorar el 20 de julio con una movilización que el mandatario denominó el “segundo grito de independencia”, el Senado elegía al uribista Honorio Henríquez, del Centro Democrático, como su nuevo presidente, en un resultado que representó un revés para el oficialismo y para el presidente electo Abelardo de la Espriella.
Durante su discurso de instalación del nuevo periodo legislativo, Petro defendió el legado de su administración y llamó a la ciudadanía a mantenerse movilizada para proteger las reformas sociales impulsadas durante su gobierno. El mandatario insistió en que la participación popular debe continuar más allá del cambio de gobierno y presentó la jornada del Día de la Independencia como una demostración de respaldo ciudadano a su proyecto político.
Sin embargo, uno de los momentos más controvertidos ocurrió al concluir su intervención. Petro abandonó el Capitolio antes de escuchar las réplicas de la oposición, rompiendo con una práctica habitual en este tipo de sesiones. La decisión provocó fuertes críticas de los partidos opositores, que calificaron el gesto como una falta de respeto al Congreso y al debate democrático.
La jornada también dejó un mensaje político desde el Legislativo. Contra los pronósticos de sectores cercanos al nuevo gobierno, el Senado eligió a Honorio Henríquez como presidente de la corporación con 56 votos, superando al candidato Alfredo Deluque, respaldado por De la Espriella. La votación evidenció que el Congreso mantiene capacidad para actuar con autonomía frente al Ejecutivo entrante y confirmó la influencia que aún conserva el uribismo en el Legislativo.
Henríquez, senador desde 2014 y una de las figuras históricas del Centro Democrático, asumirá la presidencia del Senado durante el primer año de la nueva legislatura. Tras su elección aseguró que garantizará el respeto a todas las fuerzas políticas y defendió la independencia del Congreso, en un escenario que anticipa una relación compleja con el gobierno que asumirá el próximo 7 de agosto.
El 20 de julio dejó así una fotografía del momento político que vive Colombia: un presidente saliente que buscó despedirse movilizando a sus seguidores y reivindicando su legado, una oposición que cuestionó su actitud frente al Congreso y un Senado que envió una señal de autonomía al entregar su presidencia al uribismo. A menos de tres semanas del cambio de mando, las tensiones entre las principales fuerzas políticas ya anticipan un inicio de gobierno marcado por la disputa por el control de la agenda legislativa.

