Rusia lanzó en la madrugada del lunes un nuevo ataque masivo contra Kiev y su región, apenas cuatro días después de otro devastador bombardeo sobre la capital ucraniana, en una rápida sucesión de ofensivas que aumenta la presión militar sobre Ucrania en vísperas de la cumbre de la OTAN en Ankara. El nuevo ataque dejó al menos 20 muertos y 56 heridos, según el balance inicial de las autoridades ucranianas, además de graves daños en edificios residenciales y la evacuación de unas 500 personas.
La ofensiva fue ejecutada con 68 misiles y 351 drones de largo alcance, una combinación destinada a saturar las defensas aéreas ucranianas. De acuerdo con las autoridades de Kiev, 14 personas murieron en la capital y otras seis en la localidad cercana de Vishneve, mientras los equipos de emergencia trabajaban entre edificios destruidos, incendios y estructuras dañadas.
El ataque adquiere especial gravedad por producirse solo cuatro días después de otra ofensiva rusa de gran escala contra Kiev, que dejó al menos 21 muertos en su balance inicial. La repetición de bombardeos masivos en un intervalo tan corto muestra una intensificación de la presión rusa sobre la capital, mientras Ucrania advierte que sus reservas de interceptores para los sistemas de defensa aérea se encuentran bajo una creciente presión.
La vulnerabilidad quedó especialmente expuesta frente a los misiles balísticos. Los datos de la fuerza aérea ucraniana indican que sus defensas no consiguieron derribar ninguno de los 23 proyectiles balísticos lanzados durante la nueva ofensiva, una situación que vuelve a colocar en el centro del debate la escasez de interceptores y la dependencia de sistemas como los Patriot.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, reclamó a sus aliados decisiones más firmes para reforzar la defensa aérea del país, precisamente cuando los dirigentes de la OTAN se preparan para reunirse en Turquía. La proximidad de dos ataques mortales contra Kiev refuerza el mensaje de presión de Moscú en un momento diplomáticamente sensible, mientras las operaciones militares continúan también en territorio ruso mediante ataques ucranianos con drones contra infraestructura energética.
Rusia sostiene que sus ataques tienen como objetivo instalaciones militares y energéticas y los presenta también como respuesta a operaciones ucranianas dentro de su territorio. Sin embargo, los daños registrados en edificios residenciales y el elevado número de víctimas civiles vuelven a colocar el costo humano en el centro de la guerra. Dos grandes ofensivas sobre Kiev en apenas cuatro días confirman que la capital ucraniana atraviesa una nueva fase de presión aérea sostenida, mientras la capacidad de sus defensas para resistir ataques consecutivos se convierte en una de las cuestiones más urgentes del conflicto.

