Cuba sufrió este lunes un nuevo apagón general después de una desconexión total del Sistema Electroenergético Nacional (SEN), que dejó sin servicio a los 9.6 millones de habitantes de la isla y volvió a exhibir la fragilidad de una infraestructura incapaz de sostener con estabilidad la demanda del país. La estatal Unión Eléctrica informó que investiga las causas del colapso y activó los protocolos para iniciar un proceso de recuperación que, por experiencias anteriores, puede prolongarse durante horas o incluso días.
El colapso ocurre en un momento especialmente crítico para el sistema eléctrico cubano. Antes de la desconexión total, el servicio había permanecido afectado durante las 24 horas del domingo por falta de capacidad de generación, con un déficit máximo de 2,083 megavatios, mientras para este lunes se estimaba una afectación de hasta 2,195 megavatios. Apenas días antes, la disponibilidad de generación había caído a cerca de un tercio de la demanda prevista, con numerosas unidades termoeléctricas fuera de servicio por averías, mantenimiento y falta de combustible.
El apagón es el tercer colapso total del sistema en los últimos seis meses, según el reporte inicial, y forma parte de una secuencia mucho más extensa de fallas nacionales desde finales de 2024. En marzo pasado, Cuba ya había sufrido dos desconexiones generales en menos de una semana, una sucesión que muestra que el problema ha dejado de ser una emergencia ocasional para convertirse en una crisis estructural.
Las autoridades cubanas atribuyen buena parte del deterioro reciente a las restricciones sobre el suministro de petróleo y combustibles vinculadas a la presión estadounidense, mientras otros diagnósticos señalan también el envejecimiento de las centrales termoeléctricas, las averías frecuentes y la insuficiencia de inversión acumulada durante años. La combinación de escasez de combustible y una infraestructura deteriorada ha colocado al sistema en un estado de vulnerabilidad permanente, en el que la salida de una unidad importante puede provocar déficits difíciles de compensar.
El impacto para la población supera ampliamente la falta de iluminación. Los cortes prolongados afectan la conservación de alimentos, el bombeo de agua, las telecomunicaciones, el transporte y la actividad económica, mientras hogares y pequeños negocios deben reorganizar su funcionamiento alrededor de un suministro cada vez más imprevisible. La situación se agrava durante el verano, cuando aumenta la demanda por las altas temperaturas y el uso de equipos de refrigeración.
El nuevo colapso confirma que la crisis eléctrica se ha convertido en uno de los principales síntomas del deterioro económico y operativo de Cuba. Mientras la Unión Eléctrica intenta reconstruir gradualmente el sistema después de cada desconexión, el país permanece atrapado en un ciclo de déficit de generación, averías y apagones prolongados, sin que hasta ahora las medidas adoptadas hayan logrado devolver estabilidad a una red que funciona cada vez con menor margen de seguridad.

