Los mercados energéticos reaccionaron con fuerza al anuncio del acuerdo preliminar entre Estados Unidos e Irán para poner fin a la guerra iniciada el 28 de febrero. Los precios internacionales del petróleo registraron una de sus mayores caídas de los últimos meses después de que el presidente Donald Trump ordenara la reapertura del estrecho de Ormuz y el levantamiento del bloqueo naval estadounidense sobre los puertos iraníes.
La reacción fue inmediata. El crudo estadounidense West Texas Intermediate (WTI) cayó 5,6% hasta los 80,16 dólares por barril, mientras que el Brent del Mar del Norte, referencia internacional, retrocedió 4,1% hasta los 83,77 dólares por barril. La fuerte corrección refleja el alivio de los inversionistas ante la posibilidad de que desaparezca parte de la prima de riesgo geopolítico que impulsó los precios durante más de tres meses de conflicto.
El elemento central detrás de la caída es el estrecho de Ormuz. Esta angosta vía marítima conecta el Golfo Pérsico con el océano Índico y constituye uno de los puntos más estratégicos para la economía mundial, ya que por ella transita aproximadamente una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado que se comercia en el planeta. Su cierre parcial durante la guerra provocó interrupciones en el suministro energético, aumentó los costos del transporte marítimo y generó volatilidad en los mercados internacionales.
En un mensaje divulgado tras el acuerdo, Trump anunció la reapertura de la ruta marítima y el fin del bloqueo naval impuesto por Washington. El mandatario incluso resumió la medida con una frase que rápidamente recorrió los mercados: “Que fluya el petróleo”, en referencia a la normalización del tránsito de buques petroleros por la región.
Para los operadores financieros, el anuncio supone la posibilidad de recuperar parte del suministro perdido durante la crisis. Durante el conflicto, la incertidumbre sobre el acceso al petróleo del Golfo impulsó fuertes aumentos en los precios de la energía y alimentó presiones inflacionarias en numerosos países. Analistas consideran que la reapertura de Ormuz permitirá restablecer gradualmente los flujos comerciales y reducirá el temor a nuevas interrupciones en el abastecimiento global.
El acuerdo también contempla medidas económicas de mayor alcance. Según detalles divulgados por fuentes iraníes, el borrador incluye la suspensión temporal de determinadas sanciones petroleras, la liberación gradual de activos iraníes congelados en el extranjero y un período de negociación de 60 días para abordar asuntos relacionados con el programa nuclear y las relaciones económicas bilaterales.
No obstante, los especialistas advierten que la recuperación no será inmediata. Aunque el acuerdo elimina uno de los principales factores de tensión en el mercado energético, la infraestructura afectada por la guerra, los costos de aseguramiento de los buques y la necesidad de restablecer plenamente las cadenas de suministro podrían prolongar durante semanas o incluso meses algunos efectos económicos del conflicto.
La caída del petróleo constituye, por ahora, la señal más visible del impacto global del acuerdo. Después de más de tres meses de enfrentamientos que dejaron miles de muertos y mantuvieron en vilo a la economía mundial, los mercados parecen apostar a que la diplomacia logrará donde la confrontación militar fracasó: devolver estabilidad a una de las regiones más decisivas para el suministro energético del planeta.

