La acelerada reconfiguración política que vive el Congreso de la República comienza a tener un nuevo protagonista. Mientras la bancada oficialista de la administración de Bernardo Arévalo continúa perdiendo influencia y varios de sus integrantes migran hacia otras organizaciones, el diputado y primer vicepresidente del Congreso, Nery Ramos, ha comenzado a consolidar un bloque propio que busca convertirse en un nuevo actor de peso de cara a las elecciones de 2027.
El movimiento ocurre en un momento de reacomodo dentro del oficialismo. Semilla, partido que llevó a Bernardo Arévalo al poder y que inició la legislatura como una de las principales fuerzas políticas del Congreso, enfrenta una etapa de transformación marcada por conflictos legales, diferencias internas y la migración de algunos cuadros hacia nuevos proyectos. Entre ellos destaca Raíces, la organización impulsada por Samuel Pérez, que busca convertirse en el principal vehículo político de los sectores afines al oficialismo de cara a las elecciones de 2027.
Sin embargo, el movimiento que más atención despierta dentro del reacomodo político no está únicamente en la migración de cuadros hacia otros partidos. Nery Ramos ha comenzado a construir su propia plataforma en momentos en que numerosos actores políticos buscan posicionarse de cara a las elecciones de 2027. Aunque durante meses evitó hablar abiertamente de sus planes, las constantes giras que realizó junto al expresidente Alfonso Portillo alimentaron las especulaciones sobre la formación de una nueva estructura política. Finalmente, a finales de marzo, confirmó que lidera un proyecto de alcance nacional respaldado por diputados y operadores territoriales, aunque sin revelar todavía el nombre de la organización ni las aspiraciones que buscará impulsar.
La trayectoria de Ramos presenta contrastes que explican parte del interés que genera su ascenso político. Su figura alcanzó notoriedad nacional durante su gestión como director general de la Policía Nacional Civil, cargo del que fue removido en 2018 en medio de una de las etapas más tensas del enfrentamiento entre el gobierno de Jimmy Morales y la CICIG. En aquel momento, sectores empresariales, diplomáticos y organizaciones vinculadas a la seguridad destacaron los resultados obtenidos por la institución bajo su mando, especialmente en investigación criminal y reducción de homicidios. Con el paso de los años, sin embargo, el exjefe policial dejó atrás el perfil técnico para convertirse en un operador político con creciente influencia dentro del Congreso.
La nueva plataforma ya comienza a mostrar sus primeros apoyos. Entre los nombres vinculados al proyecto aparecen Evelyn Morataya y Gustavo Cruz, electos por Viva; Karina Paz, de VOS; Nery Rodas y Jairo Orellana, que llegaron al Legislativo con Cabal; así como Karla Arreaga y Darwin Lucas, provenientes de la UNE. Más que una coincidencia, la diversidad de procedencias refleja la capacidad de Ramos para atraer figuras de distintos sectores en un momento en que las lealtades partidarias se vuelven cada vez más flexibles y el cálculo electoral empieza a imponerse sobre las afinidades ideológicas.
Uno de los aspectos que más cuestionamientos ha generado es precisamente la cercanía entre Ramos y Alfonso Portillo, un expresidente que mantiene influencia en determinados territorios y estructuras políticas pese a los procesos judiciales que marcaron su trayectoria. La participación conjunta en actividades públicas y recorridos departamentales ha sido interpretada por diversos observadores como una señal de coordinación política, especialmente porque coincide con la construcción de una nueva organización que busca abrirse espacio en el escenario electoral.
A ello se suman los señalamientos derivados de la relación de Ramos con Pedro Alejandro Duque Soto, empresario y operador político capturado este año por el Ministerio Público dentro de una investigación por el presunto desfalco millonario al Crédito Hipotecario Nacional. La captura de Duque volvió a poner bajo la lupa los vínculos que mantenía con actores del Congreso y reactivó investigaciones periodísticas que durante meses documentaron su cercanía con el entorno del ahora dirigente político.
Diversas publicaciones han señalado a Duque como una figura cercana a Ramos, atribuyéndole funciones de operador político, apoyo logístico e incluso la propiedad de la camioneta blindada utilizada por el diputado. Aunque hasta ahora no existe una imputación judicial contra Ramos relacionada con el caso CHN, la controversia ha acompañado el crecimiento de su proyecto y se ha convertido en uno de los principales puntos de escrutinio alrededor de una figura que busca presentarse como alternativa dentro del nuevo tablero político.
Más que una simple agrupación de diputados inconformes, el proyecto impulsado por Ramos refleja la acelerada recomposición de fuerzas que atraviesa el Congreso. En un escenario donde el oficialismo enfrenta desafíos internos, la oposición tradicional busca reorganizarse y nuevos vehículos políticos comienzan a surgir, Ramos intenta posicionarse como un nuevo polo de poder. La incógnita es si logrará consolidar una estructura capaz de competir electoralmente o si terminará reproduciendo las mismas alianzas y dinámicas que han caracterizado a la política guatemalteca durante las últimas décadas.

