La administración de Donald Trump prepara una reducción significativa de capacidades militares estadounidenses disponibles para la OTAN, una medida que vuelve a tensionar la relación entre Washington y sus aliados europeos en medio de la guerra en Ucrania y del creciente debate sobre el futuro de la seguridad occidental.
Según información revelada por medios europeos y posteriormente confirmada por agencias internacionales, Estados Unidos planea retirar de la estructura operativa de la alianza la mitad de sus bombarderos estratégicos, buena parte de sus aviones de combate y recursos navales asignados a Europa en caso de crisis militar.
La actual contribución militar estadounidense al Modelo de Fuerzas de la OTAN incluye cazas F-16, F-15, F-18 y F-35 desplegados en bases europeas y portaaviones; bombarderos estratégicos B-52, B-1 y B-2; aviones cisterna KC-135 y KC-46 para reabastecimiento aéreo; drones MQ-9 Reaper y RQ-4 Global Hawk; destructores Arleigh Burke integrados en la defensa antimisiles y submarinos de ataque desplegados en el Atlántico y Mediterráneo.
Precisamente esa capacidad militar es la que convierte a Estados Unidos en el principal soporte operativo de la OTAN. Analistas consideran que varios de esos sistemas son prácticamente imposibles de reemplazar a corto plazo por parte de Europa, especialmente en áreas como inteligencia satelital, disuasión estratégica, logística aérea y defensa antimisiles.
La información habría sido trasladada por representantes del Pentágono durante reuniones privadas celebradas en Bruselas con altos funcionarios de la OTAN. El mensaje central de la Casa Blanca apunta a que Europa deberá asumir una carga mucho mayor en defensa y reducir su dependencia militar de Washington.
Sin embargo, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, intentó bajar el tono a la controversia y aseguró que “todo el mundo sabía que esto iba a pasar”, dando a entender que los aliados europeos ya esperaban una reducción gradual del peso militar estadounidense dentro de la alianza atlántica.
La decisión encaja plenamente con la línea política que Trump mantiene desde hace años respecto a la OTAN. El mandatario republicano acusa constantemente a los gobiernos europeos de depender excesivamente del gasto militar estadounidense y de no invertir suficientes recursos en defensa colectiva.
El posible repliegue preocupa especialmente porque ocurre en medio de la guerra en Ucrania y de un escenario internacional marcado por tensiones crecientes con Rusia y China. Aunque varios gobiernos europeos aumentaron su gasto militar desde 2022, expertos consideran que el continente todavía depende ampliamente de la infraestructura militar estadounidense.

