Cuba se queda sin combustible y agrava crisis eléctrica

Cuba atraviesa una de las peores crisis energéticas de las últimas décadas después de que el propio Gobierno reconociera públicamente que el país agotó prácticamente todas sus reservas de combustible para generar electricidad. “No tenemos absolutamente nada de fueloil ni absolutamente nada de diésel”, admitió el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, en declaraciones televisadas que reflejan la magnitud del colapso energético que enfrenta la isla.

La situación provocó apagones récord en distintas regiones del país, especialmente en La Habana, donde barrios completos llegaron a permanecer entre 20 y 22 horas diarias sin electricidad. El deterioro del sistema eléctrico comenzó a generar nuevas protestas y cacerolazos en la capital cubana, mientras crece el malestar social por la combinación de cortes eléctricos, escasez de alimentos, medicamentos y crisis económica.

Las autoridades cubanas sostienen que el sistema eléctrico nacional opera actualmente únicamente con la limitada producción local de petróleo, gas natural y algunas fuentes renovables, capacidad insuficiente para cubrir la demanda nacional. A esto se suma el deterioro estructural de la red eléctrica, marcada por termoeléctricas obsoletas, averías constantes y falta de mantenimiento acumulado durante años.

El Gobierno de Miguel Díaz-Canel atribuye gran parte de la crisis al endurecimiento de las sanciones estadounidenses impulsadas desde inicios de 2026 por la administración de Donald Trump. Las nuevas medidas dificultaron todavía más la compra y transporte de combustible hacia la isla, afectando especialmente los suministros provenientes de Venezuela y México, dos de los principales socios energéticos de Cuba durante los últimos años.

Según autoridades cubanas, el último cargamento importante de petróleo proveniente de Rusia ya fue consumido, mientras el país intenta encontrar nuevos proveedores internacionales dispuestos a vender combustible pese a las restricciones financieras y logísticas derivadas del embargo estadounidense. “Cuba está abierta a cualquiera que quiera vendernos combustible”, declaró el ministro De la O Levy.

La crisis energética comenzó además a impactar otros sectores esenciales. Escuelas, universidades, hospitales, sistemas de agua potable y transporte público operan bajo fuertes limitaciones debido a la falta de energía y combustible. Organismos internacionales y reportes de Naciones Unidas advirtieron recientemente que el deterioro energético amenaza directamente el acceso a alimentos, salud y servicios básicos para millones de cubanos.

Analistas consideran que el colapso actual refleja tanto el efecto de las sanciones internacionales como problemas estructurales acumulados durante décadas dentro de la economía cubana. La infraestructura energética envejecida, la dependencia externa de petróleo y la falta de inversión en generación eléctrica dejaron al sistema extremadamente vulnerable frente a cualquier interrupción de suministro.

La crisis energética se ha convertido así en uno de los principales desafíos para el gobierno cubano, en medio de una situación económica y social cada vez más frágil, marcada por inflación, migración masiva, caída del turismo y creciente descontento ciudadano frente al deterioro de las condiciones de vida en la isla.

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