Ecuador atraviesa una de las crisis de abastecimiento de combustible más severas de los últimos años, con conductores que llegan a esperar hasta 72 horas para cargar gasolina en ciudades como Quito y Guayaquil. La situación expone una paradoja cada vez más evidente: un país petrolero incapaz de garantizar combustible suficiente para su propio mercado interno.
Desde inicios de semana, cientos de vehículos comenzaron a formar largas filas frente a estaciones de servicio mientras varias gasolineras limitaban la venta de combustible o directamente suspendían operaciones por falta de suministro. En algunos surtidores solo se permite cargar entre 15 y 20 dólares por vehículo, mientras conductores recorren distintas estaciones intentando encontrar gasolina Extra o Ecopaís, las más utilizadas por el transporte cotidiano y los taxistas.
La crisis estalló justo antes de una nueva actualización mensual de precios bajo el sistema de bandas aplicado por el Gobierno ecuatoriano. Desde el 12 de mayo, la gasolina Extra y Ecopaís pasó a costar 3.16 dólares por galón, el precio más alto registrado históricamente en Ecuador para este tipo de combustible. Aunque el Gobierno atribuyó inicialmente el problema al supuesto acaparamiento de gasolineras, distribuidores y empresarios petroleros sostienen que el verdadero origen está en fallas de importación y logística estatal.
El presidente de la Cámara Nacional de Distribuidores de Derivados del Petróleo, Ivo Rosero, aseguró que desde el 9 de mayo varias comercializadoras recibieron únicamente el 50% del combustible habitual debido a limitaciones operativas de Petroecuador. Según el sector privado, la crisis se agravó por los problemas que enfrenta la Refinería de Esmeraldas, la principal del país, afectada por incendios y fallas acumuladas que redujeron drásticamente su capacidad de refinación.
El Gobierno ecuatoriano insiste en que existe suficiente combustible y anunció controles para evitar especulación; sin embargo, las filas continúan y el desabastecimiento persiste especialmente en Quito y Guayaquil. Taxistas y transportistas denunciaron pérdidas económicas por las horas de espera y el alto costo de combustibles premium, única opción disponible en algunas estaciones. La situación golpea directamente a sectores que dependen del subsidio parcial y que ya enfrentan presión por inflación, inseguridad y desaceleración económica.
La crisis también deja al descubierto problemas estructurales de la industria petrolera ecuatoriana. Aunque el país continúa dependiendo fuertemente del crudo como fuente de ingresos fiscales, actualmente importa cerca del 65% de los combustibles que consume debido a limitaciones en refinación interna y deterioro operativo de Petroecuador.
Analistas económicos y energéticos consideran que el escenario actual refleja años de falta de inversión, corrupción y deterioro en infraestructura petrolera. A esto se suma la presión internacional derivada del aumento global de precios energéticos y tensiones geopolíticas en Medio Oriente. La paradoja ecuatoriana resume así el deterioro de un modelo petrolero que durante décadas sostuvo buena parte de la economía nacional, pero que hoy enfrenta dificultades incluso para abastecer el mercado interno.

