El brote de sarampión en Guatemala continúa agravándose y ya comienza a generar mayor preocupación dentro del sistema de salud. El Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social confirmó que la cifra de fallecidos aumentó a siete personas, en medio de un crecimiento sostenido de contagios y advertencias sobre nuevos brotes tras la movilización masiva registrada durante Semana Santa.
Entre las nuevas víctimas reportadas por las autoridades figura un adulto de 27 años y dos bebés de 9 meses y un año, respectivamente, una situación que volvió a evidenciar el alto riesgo que representa la enfermedad para población vulnerable y personas sin esquema completo de vacunación.
El Ministerio de Salud también informó que los contagios acumulados ascendieron a 5 mil 821 casos, una cifra que refleja la rápida propagación del virus en distintas regiones del país y que confirma el escenario de alerta epidemiológica que especialistas ya venían anticipando desde marzo.
La expansión del sarampión ocurre en un contexto regional complejo. La Organización Panamericana de la Salud había advertido desde inicios de año sobre el incremento acelerado de casos en América y pidió a los gobiernos reforzar campañas de vacunación y vigilancia epidemiológica ante el riesgo de reaparición de brotes masivos.
En Guatemala, las autoridades sanitarias ya habían advertido antes del asueto de Semana Santa que las aglomeraciones y movilizaciones podían acelerar el número de contagios. La epidemióloga Erika Gaitán explicó que el período de incubación del virus oscila entre siete y catorce días, por lo que el aumento de casos observado durante las últimas semanas coincide con el comportamiento esperado tras las concentraciones masivas registradas en actividades religiosas y turísticas.
El Ministerio de Salud mantiene campañas de vacunación y llamados urgentes para completar esquemas inmunológicos, especialmente en menores de edad, luego de confirmarse que varios de los fallecidos correspondían a niños pequeños que pertenecían al grupo más expuesto frente a la enfermedad.
Aunque Guatemala había logrado mantener controlada esta enfermedad durante décadas, el repunte actual volvió a exponer debilidades en cobertura de vacunación, acceso a servicios de salud y seguimiento preventivo en algunas comunidades. El último gran brote de sarampión en el país había ocurrido en 1990, antes de la consolidación de campañas masivas de inmunización.
La preocupación sanitaria ahora se concentra en evitar que el virus continúe expandiéndose hacia áreas rurales y comunidades con baja cobertura de vacunación, un escenario que podría incrementar presión sobre hospitales y centros de atención pública en las próximas semanas.

