El Paris Saint-Germain aseguró su clasificación a la final de la Champions League 2026 tras eliminar al Bayern Múnich con un marcador global de 6-5 y confirmó el momento más sólido de su historia reciente en el fútbol europeo. El empate 1-1 en el Allianz Arena fue suficiente para que el equipo dirigido por Luis Enrique sellara el pase a la final de Budapest, donde enfrentará al Arsenal de Mikel Arteta.
El conjunto parisino llegaba con ventaja después del intenso 5-4 conseguido en la ida y volvió a golpear primero en Alemania con un tanto de Ousmane Dembélé, que obligó al Bayern a jugar bajo presión durante gran parte del encuentro. Aunque Harry Kane logró empatar en los minutos finales, el resultado ya no alcanzó para cambiar el rumbo de una eliminatoria marcada por la efectividad ofensiva y la solidez táctica del campeón francés.
El PSG mostró una versión mucho más madura y equilibrada que en temporadas anteriores, combinando presión alta, control de balón y capacidad para sostener la ventaja en uno de los escenarios más exigentes de Europa. El equipo parisino no solo resistió los momentos de mayor intensidad del Bayern, sino que además mantuvo peligro constante al contragolpe y volvió a demostrar profundidad ofensiva.
La clasificación también confirma la transformación impulsada por Luis Enrique desde su llegada al club. El técnico español logró convertir a un equipo históricamente señalado por depender de individualidades en una estructura colectiva mucho más compacta y competitiva. La actual versión del PSG destaca tanto por su capacidad ofensiva como por su disciplina defensiva, una combinación que le ha permitido superar varias eliminatorias de alto nivel en esta edición de la Champions.
La final además tendrá un componente histórico, ya que enfrentará por primera vez a dos entrenadores españoles en una definición de Champions League: Luis Enrique y Mikel Arteta. Ambos técnicos representan modelos modernos de fútbol basados en posesión, presión y flexibilidad táctica, aunque adaptados a contextos mucho más físicos y competitivos que en años anteriores.
Para el Bayern Múnich, la eliminación deja dudas importantes sobre el proyecto deportivo y sobre la capacidad del equipo para competir frente a los nuevos gigantes europeos. A pesar de la reacción en el tramo final del partido, el club alemán volvió a mostrar problemas defensivos y dificultades para controlar el ritmo de juego ante un rival que se mostró más dinámico y efectivo en los momentos decisivos.
La final de la Champions League se disputará el próximo 30 de mayo en Budapest, donde el PSG buscará conquistar un nuevo título continental y consolidarse como una de las grandes referencias del fútbol europeo actual.

