España impulsa el español como lengua propia en EE. UU.

El ministro de Exteriores de España, José Manuel Albares, defendió en Puerto Rico el reconocimiento del español como una de las lenguas propias de Estados Unidos, en un posicionamiento que trasciende lo cultural y se inscribe en un momento de creciente tensión política en torno al papel del idioma en ese país.

Durante una intervención en la Universidad Interamericana de San Juan, Albares sostuvo que el español forma parte de la identidad histórica de Estados Unidos desde su origen, recordando que ya se hablaba en territorios actuales del país antes incluso de su fundación.

El planteamiento no es menor. Estados Unidos cuenta con 68 millones de hispanos, que representan cerca del 20% de la población total y lo convierte en el segundo país con más hispanohablantes del mundo, solo por detrás de México. En ese contexto, la defensa del español adquiere una dimensión política en un escenario donde el idioma se ha convertido en un campo de disputa simbólica.

que representan cerca del 20% de la población total y convierten a Estados Unidos en el segundo país del mundo con mayor número de hispanohablantes, solo por detrás de México.

El posicionamiento del ministro ocurre además tras decisiones recientes de la administración estadounidense que han reforzado el uso del inglés como eje institucional. Entre ellas, la eliminación de la versión en español de la web oficial de la Casa Blanca y la designación del inglés como idioma oficial mediante orden ejecutiva en 2025, medidas que han sido interpretadas como un retroceso en el reconocimiento de la diversidad lingüística.

En ese marco, Albares evitó un choque directo con Washington, pero dejó clara la línea política de España: respaldar a quienes promueven el reconocimiento del español como parte estructural de la sociedad estadounidense, no como una lengua secundaria o exclusivamente migrante.

La intervención del ministro se inscribe dentro de una gira más amplia por América Latina y el Caribe, que incluye visitas a Colombia y República Dominicana, orientada a reforzar vínculos políticos, culturales y económicos en la región. Sin embargo, el énfasis en el idioma revela una estrategia más profunda: posicionar lo hispano como un elemento constitutivo —y no periférico— dentro del sistema cultural y político estadounidense.

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