El Real Madrid ganó, pero no convenció, y ese matiz define mejor que cualquier marcador una noche en la que los goles de Kylian Mbappé y Vinicius Jr. funcionaron más como gesto de reconciliación que como argumento futbolístico, en un estadio que respondió con frialdad y cierta desafección tras una temporada que se le escapa entre las manos.
El 2-1 ante el Alavés dejó la sensación de un triunfo vacío, uno de esos que sirven para sostener la imagen pero no para revertir la narrativa de fondo: el equipo blanco se mantiene a seis puntos del liderato y con opciones prácticamente diluidas, en un cierre de Liga que se anticipa largo y sin objetivos claros.
Desde el inicio, el ambiente en el Santiago Bernabéu evidenció el desgaste acumulado. Hubo silbidos tempranos, reproches aislados y una celebración contenida incluso tras los goles, como si la grada y el equipo compartieran una misma conclusión: la temporada ya no tiene reparación posible, apenas un intento de dignificar el tramo final.
Mbappé abrió el marcador con un disparo que encontró desvío en la defensa, un gol sin épica ni celebración, acorde al tono general del encuentro. Más simbólico fue el tanto de Vinicius, no solo por su ejecución desde fuera del área, sino por su gesto inmediato de pedir perdón a la afición, una imagen que sintetiza el momento del equipo: talento intacto, pero deuda emocional evidente con su público.
El Alavés, lejos de ser un mero espectador, encontró espacios en medio de la apatía blanca y generó peligro real, incluyendo remates al poste y un gol en el tramo final que ajustó el marcador, recordando que el rival también supo leer el clima de incertidumbre en el campo. La falta de contundencia del Madrid, incluso en ventaja, vuelve a aparecer como síntoma recurrente.
A nivel estructural, el partido dejó más preguntas que respuestas. Persisten dudas sobre el encaje entre sus principales figuras, la gestión del mediocampo y la evolución de jóvenes talentos, en paralelo a un problema físico que vuelve a golpear: la recaída de Éder Militão añade preocupación a una defensa ya exigida, en un calendario que, aunque menos cargado, sigue dejando secuelas.
El Madrid gana, pero no conecta; la distancia con su gente empieza a pesar tanto como la de la tabla.

