El papa León XIV respondió con firmeza al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tras los ataques del mandatario por las críticas del pontífice contra la guerra en Irán, marcando un choque directo sin precedentes entre la Casa Blanca y el Vaticano que eleva la tensión política y religiosa en un momento de alta conflictividad internacional.
Desde el avión que lo trasladaba hacia Argelia, primera etapa de su gira por África, el pontífice fue claro al afirmar que “no tengo miedo a la Administración Trump” y que continuará pronunciándose contra los conflictos armados, defendiendo que la Iglesia tiene una obligación moral de promover la paz y el diálogo entre Estados.
La respuesta del papa llegó horas después de que Trump lo calificara como “débil” y “nefasto en política exterior”, además de acusarlo de criticar la política estadounidense y de posicionarse contra acciones militares impulsadas por Washington, especialmente en relación con Irán.
León XIV evitó entrar en un enfrentamiento personal, aunque subrayó que “demasiadas personas inocentes han sido asesinadas” y que alguien debe alzar la voz para frenar la escalada bélica, insistiendo en que el mensaje del Evangelio no puede ser utilizado para justificar conflictos armados ni agendas políticas.
El trasfondo del choque se arrastra desde semanas atrás, cuando el pontífice comenzó a cuestionar la guerra en Irán y la utilización del discurso religioso en clave política desde sectores conservadores estadounidenses, lo que intensificó la tensión con la administración de Trump.
El enfrentamiento también generó reacciones dentro de la Iglesia estadounidense, cuyo liderazgo expresó preocupación por las declaraciones del presidente y defendió el rol del papa como referente moral y no actor político, lo que evidencia la dimensión institucional del conflicto.
Este episodio marca el final de la tregua que se había mantenido desde la elección de León XIV en 2025 y abre una nueva etapa de confrontación entre el Vaticano y sectores políticos conservadores, con consecuencias aún inciertas en el escenario internacional y en la relación entre religión y poder político.

