La suspensión de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán, tras 21 horas de conversaciones directas en Islamabad, provocó una nueva escalada militar cuando el presidente Donald Trump anunció su propio bloqueo naval del estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más importantes del planeta y por donde circula cerca del 20% del comercio mundial de hidrocarburos. La medida, que entrará en vigor este lunes según el Mando Central estadounidense, deja en el aire el alto el fuego de dos semanas alcanzado tras más de 40 días de conflicto.
El anuncio de Trump se produjo pocas horas después del colapso del diálogo, en un movimiento que incrementa la tensión en el Golfo Pérsico y acerca el conflicto a una nueva fase militar, ya que el mandatario estadounidense aseguró que sus fuerzas bloquearán cualquier buque sin excepción que intente entrar o salir del estrecho y advirtió que responderán con fuerza ante cualquier ataque iraní contra embarcaciones o unidades estadounidenses.
La Casa Blanca también ordenó interceptar barcos que hayan pagado peajes a Irán para cruzar el estrecho y eliminar minas submarinas en la zona, mientras el Comando Central estadounidense confirmó que el bloqueo se aplicará a buques de todas las naciones que entren o salgan de puertos iraníes, aunque permitirá el tránsito entre puertos no iraníes. La medida apunta a reducir al máximo las exportaciones energéticas iraníes, que dependen casi totalmente de esa vía marítima estratégica.
La reacción de Teherán no tardó. La Guardia Revolucionaria advirtió que cualquier presencia militar en la zona será considerada una violación del alto el fuego y prometió responder con contundencia, mientras dirigentes iraníes alertaron de un impacto inmediato en los precios del combustible, en un contexto donde el conflicto ya ha provocado miles de víctimas y perturbaciones en la economía global.
El fracaso de las negociaciones dejó al descubierto los principales desacuerdos: la exigencia estadounidense de que Irán renuncie a su programa nuclear, la reapertura del estrecho y la petición iraní de desbloquear unos 27.000 millones de dólares en ingresos petroleros congelados. Estos puntos devolvieron el proceso de paz a la casilla de salida y reactivaron el riesgo de una escalada regional.
El nuevo escenario también golpea a países que habían alcanzado acuerdos energéticos con Teherán, entre ellos China y varias economías asiáticas, mientras la ofensiva israelí en el sur del Líbano continúa y añade presión a una crisis que ya afecta al mercado energético global y eleva la incertidumbre geopolítica.
El bloqueo de Ormuz, la mayor carta estratégica de Irán, se transforma ahora en el epicentro de una confrontación naval directa, en la que Washington busca forzar concesiones sobre el programa nuclear iraní, mientras la diplomacia queda en suspenso y la posibilidad de una nueva escalada militar vuelve a dominar el tablero internacional.

