La Casa Blanca solicitó al Congreso de Estados Unidos un aumento del 40% en el presupuesto de defensa, una propuesta que llevaría el gasto militar a 1,5 billones de dólares, el nivel más alto en la historia del país y uno de los mayores incrementos desde la Segunda Guerra Mundial.
La petición se produce en un contexto de tensiones internacionales y conflictos activos, particularmente la guerra en curso con Irán, un escenario que la administración estadounidense utiliza como argumento central para justificar el aumento del gasto militar y la reorientación de prioridades presupuestarias.
El plan contempla un incremento aproximado de 445.000 millones de dólares respecto al gasto actual, con una estructura que incluiría 1,1 billones mediante el presupuesto regular y otros 350.000 millones por vías extraordinarias, lo que representaría el mayor salto anual en décadas.
Además del aumento militar, la propuesta también incluye recortes cercanos al 10% en otras áreas del gobierno federal, entre ellas programas vinculados a cambio climático, educación y vivienda, con el objetivo de priorizar el gasto en defensa y seguridad nacional.
El proyecto presupuestario también contempla aumentos salariales para personal militar, inversión en producción armamentística, construcción de buques de guerra y desarrollo del sistema antimisiles conocido como “Cúpula Dorada”, uno de los pilares estratégicos del plan de defensa.
La propuesta, sin embargo, debe ser aprobada por el Congreso, donde se anticipa un debate político intenso. Legisladores demócratas ya han criticado la iniciativa al considerar que prioriza el gasto militar mientras reduce fondos para programas sociales, en un contexto de deuda pública creciente y presiones económicas internas.
El plan refleja una reorientación clara de la política presupuestaria estadounidense, donde la defensa vuelve a ocupar el centro de la agenda gubernamental, mientras el debate político se intensifica sobre el equilibrio entre seguridad nacional y gasto social.

